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miércoles, 28 de agosto de 2013

Un caso de Stevens-Johnson en un paciente con Artritis Reumatoide

Agradecemos la colaboración de los Dres. Javier Orte, Natalia Sánchez, Araceli Peña y Carmen Velázquez sin quienes la presentación de esta entrada no sería posible.

Caso clínico
Varón de 33 años diagnosticado de artritis reumatoide cinco años atrás, quien se encontraba en tratamiento con 15mg semanales de metotrexato hasta hace 1 mes. Debido a un control insuficiente de la sintomatología se añadió al tratamiento leflunomida 20mg diarios. Por su parte el paciente incrementó la dosis de metotrexato a 20 mg diarios, por iniciativa propia.
Cuatro días después de la modificación del tratamiento, el paciente experimentó la aparición de lesiones eritematosas, papulares e incluso flictenas distribuidas en forma simétrica por el pecho, abdomen, brazos y piernas. También presentó lesiones en diana en la palma de las manos y de los pies así como ulceras orales y disfagia.
Presentaba una anemia leve, discreta leucopenia. La ESR era 93mm/h y la PCR 56. La función hepática y renal estaban normales.
Se estableció el diagnóstico de síndrome de Stevens Johnson y se inició tratamiento con ciclosporina 200 mg/12 horas, prednisona 40mg/día, un vial de albúmina de 100ml al 20% / día y sobrehidratación y alimentación parenterales. Se suspendió el metotrexate y la leflunomida.
Durante la evolución el paciente presentó una mayor anemia, leucopenia y trombopenia, mismas que fueron atribuidas a la sobredosis de metotrexate con buena respuesta a estimulantes de colonias de neutrófilos. Los controles de función hepática y renal fueron reiteradamente normales a lo largo de la evolución.
Al tercer día de tratamiento las lesiones del tronco y abdomen habían mejorado significativamente y al séptimo día las lesiones de las piernas empezaban a remitir. Inició tolerancia oral al décimo día sin inconvenientes.

Lesiones eritematosas muy confluyentes simétricas dispuestas en ambas piernas. En ambos extremos se pueden apreciar lesiones más papulares. Estas lesiones son las más propensas a desarrollar el fenómeno de desprendimiento córneo conocido también como Fenómeno de Nikolsky.

Lesiones en diana a nivel de las palmas. Nuevamente se constata una afectación simétrica. En la raíz de los muslos se aprecia la lesión más frecuente: pápulas eritematosas, pruriginosas.

Lesiones en tronco y abdomen papulares y eritematosas, alguna lesión en diana. También se aprecia afectación de antebrazos.


Comentario
Hasta donde sabemos, este es el primer caso de sindrome de stevens johnson secundario al uso conjunto de metotrexate y leflunomida en un paciente con artritis reumatoide.
El síndrome de Stevens Johnson es la manifestación más grave del eritema multiforme difuso que se puede presentar como respuesta a la práctica totalidad de medicamentos y a algunas infecciones virales o fúngicas. Su prevalencia se estima entre 1 a 6 casos por millón de personas. Se trata de una reacción cutánea mediada por un mecanismo de disregulación de la capacidad de depuración de toxinas por parte de los queratinocitos y su consecuente apoptosis masiva. Esta hipótesis, sin embargo, no explica la presencia de signología a nivel de las mucosas. Las formas más graves se presentan asociadas a la exposición a medicamentos siendo los más frecuentes los anticomiciales aromáticos, los antibióticos y los antiinflamatorios. Los reportes de síndrome de stevens johnson asociado a metotrexato son anecdóticos y no existe ninguno vinculado al uso de leflunomida.
Las manifestaciones cutáneas son las más floridas: pápulas eritematosas confluyentes, lesiones en diana y flictenas, distribuidas simétricamente en el pecho, abdomen, brazos, palmas, plantas y piernas. Junto con las manifestaciones cutáneas, la afectación de mucosas es muy relevante en tanto condicionan el compromiso del ojo, la boca y el tracto orofaringeo.
El tratamiento del síndrome de Stevens Johnson debe hacerse desde dos aproximaciones: Medidas de soporte y tratamiento de base. El paciente debe recibir medidas de soporte en función del tipo y grado de afectación. La presencia de flictenas o el desprendimiento del estrato corneo (conocido como fenómeno de Nikolsky) se pueden evitar administrado albúmina y asegurando una correcta hidratación del paciente. En casos puntuales debe considerarse el uso de terapia antibiótica para evitar las infecciones cutáneas. Según el grado de compromiso orofaringeo se debe considerar el uso de alimentación parenteral. Finalmente, se debe prestar especial atención a la vigilancia oftalmológica para evitar la formación de sinequias oculares. Las lesiones cutáneas se benefician de la administración de corticoides tópicos. El tratamiento del síndrome propiamente no tiene un esquema universalmente aceptado. Existe consenso en que los fármacos sospechosos de haber inducido el cuadro deben ser retirados por completo. Como tratamiento se ha ensayado el uso de Ciclosporina oral y corticoides orales . En situaciones de mayor compromiso sistémico se ha empleado con éxito la administración de inmunoglobulinas.
La peculiaridad de este caso radica en que el paciente desarrolló conjuntamente la clínica típica del eritema multiforme mayor atribuible a una reacción a la leflunomida y la nueva dosis de metotrexate y al mismo tiempo las secundarias a la sobredosificación de metotrexate. Si bien la mucositis es un proceso atribuible al propio síndrome de stevens johsons, la sobredosificación por metotrexate podría jugar un papel relevante en este componente del cuadro.

Fuentes recomendadas
  • French LE. Toxic epidermal necrolysis and Stevens Johnson syndrome: our current understanding. Allergol Int Off J Jpn Soc Allergol. marzo de 2006;55(1):9-16.
  • Chan HL, Stern RS, Arndt KA, Langlois J, Jick SS, Jick H, et al. The incidence of erythema multiforme, Stevens-Johnson syndrome, and toxic epidermal necrolysis. A population-based study with particular reference to reactions caused by drugs among outpatients. Arch Dermatol. enero de 1990;126(1):43-7.
  • Bastuji-Garin S, Rzany B, Stern RS, Shear NH, Naldi L, Roujeau JC. Clinical classification of cases of toxic epidermal necrolysis, Stevens-Johnson syndrome, and erythema multiforme. Arch Dermatol. enero de 1993;129(1):92-6.
  • Léauté-Labrèze C, Lamireau T, Chawki D, Maleville J, Taïeb A. Diagnosis, classification, and management of erythema multiforme and Stevens-Johnson syndrome. Arch Dis Child. octubre de 2000;83(4):347-52.
  • Assier H, Bastuji-Garin S, Revuz J, Roujeau JC. Erythema multiforme with mucous membrane involvement and Stevens-Johnson syndrome are clinically different disorders with distinct causes. Arch Dermatol. mayo de 1995;131(5):539-43.
  • Chang Y-S, Huang F-C, Tseng S-H, Hsu C-K, Ho C-L, Sheu H-M. Erythema multiforme, Stevens-Johnson syndrome, and toxic epidermal necrolysis: acute ocular manifestations, causes, and management. Cornea. febrero de 2007;26(2):123-9.
  • Forman R, Koren G, Shear NH. Erythema multiforme, Stevens-Johnson syndrome and toxic epidermal necrolysis in children: a review of 10 years’ experience. Drug Saf Int J Med Toxicol Drug Exp. 2002;25(13):965-72.
  • Ayangco L, Rogers RS 3rd. Oral manifestations of erythema multiforme. Dermatol Clin. enero de 2003;21(1):195-205.
  • Power WJ, Ghoraishi M, Merayo-Lloves J, Neves RA, Foster CS. Analysis of the acute ophthalmic manifestations of the erythema multiforme/Stevens-Johnson syndrome/toxic epidermal necrolysis disease spectrum. Ophthalmology. noviembre de 1995;102(11):1669-76.






domingo, 20 de enero de 2013

Tocilizumab en monoterapia o asociado a MTX: Una alternativa a tener en cuenta sin perder de vista algunos pequeños detalles.


En 2010, Jones G y colaboradores publicaron un conocido estudio comparativo entre MTX y TZM, ambos en monoterapia en pacientes con Artritis Reumatoide (AR) con actividad moderada o grave. Este estudio, conocido como AMBITION, tuvo como variables de salida principales el alcance de la remisión ACR20, 50 y 70. La demostración de que el TZM superaba al MTX fue bastante contundente y la tasa de eventos adversos no fue superior por lo que desde entonces, quedó suficientemente sustentada la indicación de TZM en pacientes con AR no susceptibles de mantener el MTX como tratamiento coadyuvante a una terapia biológica, necesaria por otra parte, debido a la alta actividad de la enfermedad.
 
Sin embargo, el mismo año, Smolen JS y colaboradores publicaron las guías EULAR para el manejo de AR con FAMEs y terapias biológicas. Este consenso incluía como primera indicación terapéutica, ante una AR mal controlada con FAMEs, el uso de un anti-TNF asociado a MTX. 

En el número actual del Ann Rheum Dis, Dougados y colaboradores han publicado un interesante estudio que confronta el uso de TZM en monoterapia con TZM + MTX en pacientes con AR que no han respondido a MTX. Los autores sentencian que alrededor de un tercio de pacientes que reciben terapia biológica no lo hacen concomitantemente al MTX. Esta afirmación -que probablemente despierte alguna observación, al menos en la experiencia española- se basa en los registros alemanes e ingleses que respectivamente hicieron públicos Listing J y col en 2006 y Soliman MM y col en 2011. Finalmente sostienen que la monoterapia biológica es elección en pacientes con tolerancia inapropiada al MTX, con riesgo de hematotoxicidad quienes han presentado previamente indicios de toxicidad hepática. En este contexto es que los autores sustentan la importancia de comparar el beneficio de usar TZM en monoterapia frente a TZM+MTX en pacientes con AR y mala respuesta previa al MTX.
 

Se trata de un ensayo clínico a 24 semanas con dos brazos: MTX+TZM (8 mg/Kg/4s) o PBO + TZM (8mg/Kg/4s). Las variables objetivo a medir fueron la proporción de pacientes que a las 24 semanas alcanzaron un DAS28-VSG de remisión, grado sintomático, calidad de vida y progresión del daño estructural. La randomización culminó con un total de 512 pacientes quienes alcanzaron el seguimiento de 24 semanas. El criterio de remsión DAS28-VSG fue alcanzado por 40.4% pacientes TZM+MTX y por 34.8% pacientes TZM+PBO (p=0.19). La progresión radiológica en el periodo de seguimiento fue mínima y no se encontraron diferencias estadísticamente significativas entre los grupos. Tampoco se registraron diferencias entre la aparición de eventos adversos infecciosos graves entre los grupos. 


Los autores concluyen que no existe superioridad en el uso de TZM+MTX sobre el uso de TZM en monoterapia. 


Aunque el diseño estadístico del estudio es impecable, existen tres observaciones que merecen consideración:


  • La dosis media de MTX administrada a los pacientes previo al inicio de la randomización fue de 16.0 DE 4.4 mg/s. Esto indica que una proporción no despreciable pudo estar recibiendo alrededor de 12.5mg/s.
  • No existe información sobre la dosis de MTX que se administró a los pacientes del brazo TZM+MTX. En los criterios de inclusión se indica que se exigió al menos 15mg/s en las recientes 6 semanas o más. Este dato parece contradecir la media y DE que nos ofrecen como "baseline". Sería interesante saber si los pacientes que recibieron MTX lo hicieron a dosis que pudiéramos interpretar como plenas de modo que la extrapolación a nuestra práctica habitual sea más sencilla.
  • Finalmente los autores nos indican la proporción de pacientes de cada brazo que recibían corticoides de forma concomitante pero no se conoce la dosis.



Pese a que estas interrogantes tampoco se responden con la información suplementaria disponible, no deja de ser un estudio interesante y de lectura recomendable.



Referencias

  • Jones G, Sebba A, Gu J, Lowenstein MB, Calvo A, Gomez-Reino JJ, et al. Comparison of tocilizumab monotherapy versus methotrexate monotherapy in patients with moderate to severe rheumatoid arthritis: the AMBITION study. Ann. Rheum. Dis. enero de 2010;69(1):88-96. 
  • Smolen JS, Landewé R, Breedveld FC, Dougados M, Emery P, Gaujoux-Viala C, et al. EULAR recommendations for the management of rheumatoid arthritis with synthetic and biological disease-modifying antirheumatic drugs. Ann. Rheum. Dis. junio de 2010;69(6):964-75.
  • Listing J, Strangfeld A, Rau R, Kekow J, Gromnica-Ihle E, Klopsch T, et al. Clinical and functional remission: even though biologics are superior to conventional DMARDs overall success rates remain low--results from RABBIT, the German biologics register. Arthritis Res. Ther. 2006;8(3):R66. Soliman MM, Ashcroft DM, Watson KD, Lunt M, Symmons DPM, Hyrich KL. Impact of concomitant use of DMARDs on the persistence with anti-TNF therapies in patients with rheumatoid arthritis: results from the British Society for Rheumatology Biologics Register. Ann. Rheum. Dis. abril de 2011;70(4):583-9.  
  • Dougados M, Kissel K, Sheeran T, Tak PP, Conaghan PG, Mola EM, et al. Adding tocilizumab or switching to tocilizumab monotherapy in methotrexate inadequate responders: 24-week symptomatic and structural results of a 2-year randomised controlled strategy trial in rheumatoid arthritis (ACT-RAY). Ann. Rheum. Dis. enero de 2013;72(1):43-50.

domingo, 6 de enero de 2013

El Metotrexate en la artritis psoríasica como agente coadyuvante de la terapia biológica

En una entrada previa de este blog comentamos el trabajo que publicaron Kingsley en 2012 sobre el uso de Metotrexate (MTX) en el manejo de la sinovitis en pacientes con Artritis Psoriásica (APso). Si bien el trabajo demostraba que el MTX no contribuía significativamente al control de la sinovitis, destacábamos tres aspectos metodológicos que podrían restar contundencia a las conclusiones. Cierto es que el uso de MTX en el control de la sinovitis en la APso es producto de la herencia terapéutica que tenemos sobre su efectividad en el manejo de la Artritis Reumatoide (AR).

Fagerli y colaboradores han publicado en Ann Rheum Dis un artículo actualmente disponible online first. En este trabajo plantea la utilidad del uso de MTX en Apso en el contexto de pacientes que reciben terapia biológica. Se ha determinado que el MTX tiene un papel sinérgico en pacientes con AR que se encuentran recibiendo bloqueadores del TNF (aTNF) así como un beneficio farmacológico e inmunológico que puede conseguir un retraso en la formación de anticuerpos a aTNF. Un estudio randomizado conducido por Breban y colaboradores publicado en 2008 en Arthritis Rheum no encontró ningún beneficio en el uso de MTX en forma concomitante con Infliximab en pacientes con Espondilitis Anquilosante, hecho que si bien es cierto, ya era para entonces muy aceptado.

El trabajo de Fagerli explora los beneficios que aporta el uso de MTX en pacientes tratados con terpia aTNF (Adalimumab, Etanercept e Infliximab). Se trata de un estudio prospectivo con 440 pacientes de los cuales 170 recibieron tratamiento con monoterapia aTNF y el resto terapia combinada. La variable de salida más importante fue la tasa de supervivencia del aTNF que se define como el tiempo transcurrido hasta que por cualquier motivo el tratamiento se descontinua. Sin ser estadísticamente significativa, el MTX prolongó la tasa de supervencia del aTNF respecto de la monoterapia. El análisis estratificado mostró que sólo con el Infliximab este incremento de la supervencia fue significativo.

Este trabajo no contradice los resultados de Kingsley respecto su capacidad antisinovítico. No se han descrito los motivos farmacológico que justifiquen porque el IFX extiende su tasa de supervivencia en pacientes con Apso cuando se asocia a MTX. Muy probablemente en el futuro cercano, estudios derivados del trabajo de Fagerli se planteen resolver este tema.
La decisión de asociar MTX a la terapia aTNF en pacientes con Apso sigue siendo, a nuestro entener, discutible.

  • Breban M, Ravaud P, Claudepierre P, Baron G, Henry Y-D, Hudry C, et al. Maintenance of infliximab treatment in ankylosing spondylitis: results of a one-year randomized controlled trial comparing systematic versus on-demand treatment. Arthritis Rheum. enero de 2008;58(1):88-97.
  • Krieckaert CLM, Bartelds GM, Lems WF, Wolbink GJ. The effect of immunomodulators on the immunogenicity of TNF-blocking therapeutic monoclonal antibodies: a review. Arthritis Res. Ther. 2010;12(5):217.
  • Fagerli KM, Lie E, Heijde D van der, Heiberg MS, Lexberg ÅS, Rødevand E, et al. The role of methotrexate co-medication in TNF-inhibitor treatment in patients with psoriatic arthritis: results from 440 patients included in the NOR-DMARD study. Ann Rheum Dis [Internet]. 3 de enero de 2013 [citado 6 de enero de 2013]; Recuperado a partir de: http://ard.bmj.com/content/early/2013/01/03/annrheumdis-2012-202347



sábado, 25 de agosto de 2012

Poniendo a prueba el uso del MTX en la Artritis Psoriásica

En el número de agosto de Rheumatology, Kingsley y colaboradores han publicado un artículo de acceso libre que pone a prueba la utilidad del metotrexate en artritis psoriásica.

El MTX es considerado un FAME de primera línea en el tratamiento de la sinovitis en pacientes con APso.
En la inrtroducción de este trabajo, los autores nos recuerdan que su uso se extendió por la experiencia adquirida en pacientes con AR pero sin embargo no existen estudios que sustenten su uso con el respaldo de un diseño tipo ensayo clínico aleatorizado.

Se reclaron un total de 221 pacientes con diagnóstico de APso. De ellos 109 recibieron MTX a razón de 15mg/semanales y el resto fue adjudicado al grupo placebo. 21 pacientes del grupo tratado y 23 del control se perdieron para el seguimiento. Otros 26 pacientes repartidos en los grupos descontinuaron el tratamiento. La medida de evaluación principal fue el crtierio de respuesta APso (PsARC). La comparación a los seis meses no demostró una significativa diferencia en el PsARC teniendo un OR de 1,77 (95% IC 0,97-3,23). Otros criterios de buena respuesta como el poco exigente ACR20 incluyó también un intervalo más a la izquierda (0,65-6,22) sin embargo el DAS28 tuvo un CI un tanto más a la derecha (0.90-3,17). Los autores encontraron que el uso de MTX si que asoció a menos afectación cutánea y mejor autovaloración global a los 6 meses.

Si bien este estudio pone en tela de juicio el papel del MTX como FAME en APso, nos parece justo observar lo siguiente:
  • Un tercio de los pacientes enrolados en el estudio no lo culminaron. Considerando que el tamaño muestral claculado fue 89:89 y que la tasa esperada de pérdidas fue 10% menos de la que realmente se produjo, habría que sopesar que la población estudiada podría ser insuficiente para respaldar las conclusiones.
  • La dosis de MTX utilizada fue de 15mg/sem. Esa dosis podría considerarse media y no necesariamente expresaría la práctica habitual en la que la falta de respuesta conduce a un incremento de la dosis, entre otras medidas.
  • La variable de salida principal tuvo un OR cuyo intervalo de confianza, si bien incluye el 0, fue muy desplazado a la derecha. La primera y segunda consideración podrían justificar esta escasa falta de significado estadístico.
No obstante todo ello, no podemos rechazar el hecho de que en efecto la ausencia de sustento científico para una práctica terapéutica habitual debe ser motivo de más y mayores investigaciones al respecto.

Referencia:
Kingsley G, Kowalcz A, Taylor H, Ibrahim F, et al. A randomized placebo-controlled trial of methotrexate in psoriatic arthritis. Rheumatology (Oxford);2012 Aug;51(8):1368-77.

martes, 10 de julio de 2012

Breve Revisión: Aumento relativo de la mortalidad en pacientes con Artritis Reumatoide.


En distintos estudios epidemiológicos se ha suscrito que la AR incrementa la mortalidad.(1) Las causas de mortalidad que con más frecuencia han sido descritas son: Enfermedades neoplásicas, enfermedades cardiovasculares y enfermedades pulmonares.
Ciertamente, son estas las causas que con más frecuencia condicionan la mortalidad en toda la población excluyendo las etiologías infecciosas y los accidentes.
Significa entonces, que el padecer AR condiciona un incremento de la probabilidad de morir por una de esas tres causas.
El padecer AR implica tener un estado de inmunidad alterado y a su vez encontrarse con toda probabilidad sometido a un tratamiento inmunomodulador. Existen trabajos que alertan del incremento de riesgo de padecer neoplasias no sólidas en pacientes con AR(2) y por otro lado, recomendaciones que sugieren considerar cuidadosamente el uso de terapias biológicas en pacientes con antecedentes de neoplasias sólidas o hematológicas.(2–4)
El carácter inflamatorio de la AR ha provocado una enérgica corriente de investigación para valorar el incremento de riesgo cardiovascular en estos pacientes.(5) En la actualidad existe evidencia positiva que permite recomendar la vigilancia del perfil lipídico en estos pacientes y tener presente la posibilidad de medicar con fármacos hipolipemiantes.(5–7)
El riesgo de padecer una enfermedad intersticial pulmonar también se encuentra incrementado en la AR.(8–10) El carácter multisistémico de la enfermedad y su peculiar afectación pulmonar se ha documentado en alrededor del 10% de los enfermos.(8) Dato adicional a tener presente es que algunos FAMEs están relacionados con afectación pulmonar de tipo intersticial adicional.(11–13).

Recientemente, el grupo koreano de Kim y colaboradores(1) han publicado en el J Rheumatology a inicios de 2012, un ambicioso estudio con el propósito de establecer la tasa de mortalidad estandarizada (SMR)  para la Artritis Reumatoide. Esta medida se define como el incremento de mortalidad respecto de la mortalidad esperada que existe debido a una circunstancia particular.
El estudio se basó en una cohorte de 1534 pacientes seguidos desde 2001 a 2009. El SMR para los pacientes con AR fue 1.35 (95% CI 1.02–1.74). Se analizaron por separado las distintas causas de mortalidad. La mortalidad por enfermedades neoplásicas tuvo un SMR de 0,84 (0,43-1,47), por enfermedad cardiaca isquémica 2,09 (0,68-4,88), enfermedad cerebrovascular 0,73 (0,24-1,70), Enfermedad pulmonar intersticial 18,18 (2,20-65,64), neumonía 10,26 (2,79-26,26), diabetes mellitus 1,41 (0,39-3,62), Sepsis 5,88 (0,15-32,76).
Una observación al respecto de porqué existe una menor tasa de mortalidad por cáncer en pacientes con AR que en la población general es porque existe un seguimiento preventivo más estrecho.
Este estudio pone a la enfermedad intersticial pulmonar en primer lugar de las causas de mortalidad por AR. Al respecto Olson y colaboradores(8) han publicado en 2011 en el Am J Respir Crit Care Med un estudio basado en los registros americanos del Nacional Health Institute en el que recaban una casuística de 162,032 muertes de pacientes con  AR entre 1988 y 2004 de las que 10,725 (6,6%) habían sido diagnosticados de enfermedad pulmonar intersticial relacionada a AR (aunque cabe destacar que la forma en la que se estableció este diagnóstico no queda suficientemente esclarecida en el manuscrito).

  • Kim YJ, Shim J-S, Choi C-B, Bae S-C. Mortality and incidence of malignancy in Korean patients with rheumatoid arthritis. J. Rheumatol. 2012 feb;39(2):226–32.
  • Mellemkjaer L, Linet MS, Gridley G, Frisch M, Møller H, Olsen JH. Rheumatoid arthritis and cancer risk. Eur. J. Cancer. 1996 sep;32A(10):1753–7.
  • Cibere J, Sibley J, Haga M. Rheumatoid arthritis and the risk of malignancy. Arthritis Rheum. 1997 sep;40(9):1580–6.
  • Nordgaard-Lassen I, Dahlerup JF, Belard E, Gerstoft J, Kjeldsen J, Kragballe K, et al. Guidelines for screening, prophylaxis and critical information prior to initiating anti-TNF-alpha treatment. Dan Med J. 2012 jul;59(7):C4480.
  • Nurmohamed MT. Cardiovascular risk in rheumatoid arthritis. Autoimmun Rev. 2009 jul;8(8):663–7.
  • Gabriel SE, Crowson CS. Risk factors for cardiovascular disease in rheumatoid arthritis. Curr Opin Rheumatol. 2012 mar;24(2):171–6.
  • Gabriel SE. Heart disease and rheumatoid arthritis: understanding the risks. Ann. Rheum. Dis. 2010 ene;69 Suppl 1:i61–64.
  • Olson AL, Swigris JJ, Sprunger DB, Fischer A, Fernandez-Perez ER, Solomon J, et al. Rheumatoid arthritis-interstitial lung disease-associated mortality. Am. J. Respir. Crit. Care Med. 2011 feb 1;183(3):372–8.
  • Gochuico BR, Avila NA, Chow CK, Novero LJ, Wu H-P, Ren P, et al. Progressive preclinical interstitial lung disease in rheumatoid arthritis. Arch. Intern. Med. 2008 ene 28;168(2):159–66.
  • Rajasekaran BA, Shovlin D, Lord P, Kelly CA. Interstitial lung disease in patients with rheumatoid arthritis: a comparison with cryptogenic fibrosing alveolitis. Rheumatology (Oxford). 2001 sep;40(9):1022–5.
  • Cottin V, Tébib J, Massonnet B, Souquet PJ, Bernard JP. Pulmonary function in patients receiving long-term low-dose methotrexate. Chest. 1996 abr;109(4):933–8.
  • Dawson JK, Graham DR, Desmond J, Fewins HE, Lynch MP. Investigation of the chronic pulmonary effects of low-dose oral methotrexate in patients with rheumatoid arthritis: a prospective study incorporating HRCT scanning and pulmonary function tests. Rheumatology (Oxford). 2002 mar;41(3):262–7.
  • Salaffi F, Manganelli P, Carotti M, Subiaco S, Lamanna G, Cervini C. Methotrexate-induced pneumonitis in patients with rheumatoid arthritis and psoriatic arthritis: report of five cases and review of the literature. Clin. Rheumatol. 1997 may;16(3):296–304.

miércoles, 20 de junio de 2012

Siendo más rápidos y más agresivos con la AIJ Poliarticular

En el número de Junio de la revista Arthritis and Rheumatism de este año, el grupo Childhood Arthritis and Rhematology Research Alliance, han publicado un interesante trabajo sobre los efectos del tratamiento con ETN en fases tempranas de la AIJ poliarticular asociado a MTX antes de los primeros 12 meses del diagnóstico. Este trabajo ha sido firmado por Wallace, Giannini y colaborades. Se trata de un grupo de investigación que previamente ha publicado múltiples estudios sobre pronóstico y tratamiento de pacientes con AIJ.

En esta ocasión el trabajo publicado es un ensayo clínico, doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo. Se incluyeron 85 pacientes de entre 2 y 16 años de edad con diagnóstico de AIJ poliarticular reciente (<12 meses desde el inicio de los síntomas). Se les aleatorizó en dos brazos:
  • Brazo 1: MTX 0,5 mg/Kg/semana + ETN 0,8 mg/Kg/semana + PDN 0,5 mg/Kg/día en pauta descendente hasta 0 mg/Kg/día en 17 semanas.
  • Brazo 2: MTX 0,5 mg/Kg/semana + Placebo de ETN + Placebo de PDN.
En ningún caso se superó la dosis de 50 mg semanales de MTX ni 60 mg semanales de ETN. La medida a valorar primaria fue la remisión a los 6 meses (Inactividad clínica de la enfermedad).

Los autores observaron un alcance del objetivo primario en 40% de los pacientes que se aleatorizaron al grupo 1 y 23% de los del grupo 2 (p=0,088). Después de 12 meses, la remisión fue observada en 9 pacientes del brazo 1 y 3 del brazo 2 (p=0,053).

Cabe destacar que en el presente estudio la aleatorización consiguió una homogénea distribución de los pacientes en términos epidemiológicos, clínicos y analíticos.
También es importante remarcar que en el diseño del estudio hubo dos fases adicionales de aleatorización.
Al cabo de los 4 primeros meses, aquellos pacientes que no habían alcanzado el ACR 70 fueron pasados directamente al brazo 1. Por otro lado, los pacientes que a los 4 meses habían alcanzado el ACR 70 fueron nuevamente aleatorizados y estos mismos, al 6to mes, en caso de no alcanzar el ACR 70 fueron pasados directamente al brazo 1.
En términos de seguridad conviene comentar que en el brazo 1 se identificaron 3 eventos adversos graves: 2 neumonías y un evento psicótico que se resolvió al reducir la dosis de PDN.

Los autores reconocen la falta de significado estadístico de sus resultados y hacen dos consideraciones al respecto: La primera es que se trata del primer estudio de su tipo y que por lo tanto, consideraciones relacionadas con el tamaño de la muestra deberían tenerse en cuenta al momento de valorar los resultados. La segunda consideración es que aunque las diferencias no son estadísticamente significativas, la proporción de pacientes que han alcanzado el ACR 70 no es desdeñable.

Finalmente, un dato adicional es que en la valoración a los 4 meses (que no fue objetivo primario del estudio) si que se observó una proporción significativamente mayor de ACR 70 en el brazo tratado con ETN + MTX + PDN.

Se puede concluir de la lectura de este primer ensayo clínico sobre el uso precoz de terapia biológica en AIJ que el objetivo de alcanzar la remisión en el más corto plazo se puede alcanzar con mayor probabilidad iniciando precozmente el uso de terapias biológicas, con una razonable expectativa de efectos adversos.

Referencia:
  • Wallace CA, Giannini EH, Spalding SJ, Hashkes PJ, O’Neil KM, Zeft AS, et al. Trial of early aggressive therapy in polyarticular juvenile idiopathic arthritis. Arthritis and rheumatism. 2012 jun;64(6):2012–21.

lunes, 23 de abril de 2012

Guía para el tratamiento de la Artritis Idiopática Juvenil de la Sociedad Alemana de Pediatría y Medicina del Adolescente

La Artritis Idiopática Juvenil (AIJ) es la enfermedad inflamatoria articular más prevalente en la edad pediátrica y, a pesar de los avances realizados en su diagnóstico y tratamiento, continua siendo una causa importante de discapacidad en estos pacientes. En la actualidad disponemos de un variado arsenal terapéutico para el manejo de la AIJ, sin embargo dicha diversidad puede originar también cierta confusión respecto a la posición de cada fármaco individual es la escala terapéutica, por lo que son necesarias guías basadas en la evidencia que permitan sistematizar su tratamiento. Uno de los últimos esfuerzos realizados con este propósito es la guía elaborada por la Sociedad Alemana de Pediatría y Medicina del Adolescente (German Society of Paediatrics and Adolescent Medicine, DGKJ), publicada recientemente en Clinical Immunology.

La metodología utilizada fue la técnica de grupo nominal y el consenso Delphi, creando una guía multidisciplinaria, basada en la evidencia y el consenso para la AIJ, sustentándose además en una revisión sistemática de la literatura y 3 conferencias de consenso. Finalmente se establecieron los siguientes lineamientos:

1. Tratamiento farmacológico:

1.1. Anti-inflamatorios no esteroideos (AINEs):
Los AINEs recomendados para el tratamiento de la AIJ son: Diclofenaco, Naproxeno, Ibuprofeno e Indometacina (nivel de evidencia I, II respectivamente y grado de recomendación A). 
Si dichos fármacos están contraindicados se puede usar Celecoxib (nivel de evidencia I, nivel de recomendación B–C).

1.2. Glucocorticoides:
1.2.1.  Glucocorticoides locales:
Las infiltraciones intra-articulares de GC (hexacetónido de triamcinolona) se recomiendan como parte del tratamiento de primera línea. Se ha demostrado que mejoran la inflamación local, el dolor, la tumefacción y el rango articular (nivel de evidencia II, nivel de recomendación A). 
El hexacetónido de triamcinolona es más eficaz que el acetónido para inducir la remisión local (nivel de evidencia I, nivel de recomendación B).
1.2.1.  Glucocorticoides sistémicos:
Los GC sistémicos se recomiendan como fármacos de acción rápida en la AIJ sistémica con alta actividad. Los GC sistémicos se utilizan en niños y adolescentes con AIJ sistémica, manifestaciones extra-articulares de la AIJ (p.e. uveítis, derrame pericárdico), AIJ seropositiva poliarticular y como terapia puente hasta que los FAME completen su efecto (nivel de evidencia III, nivel de recomendación A).
No se recomienda el uso prolongado de GC sistémicos. La administración continua de ≥ 0.2 mg de equivalente de Prednisona por Kg de peso corporal conlleva un riesgo importante de eventos adversos y por lo tanto no se recomienda (nivel de evidencia III, nivel de recomendación A). 

1.3. Metotrexate, agentes biológicos e inmunosupresores:
El metotrexate, los agentes biológicos e inmunosupresores se usan para el tratamiento de pacientes con AIJ poliarticular, si los AINEs y los GC locales no son eficaces. No hay inconvenientes combinación de aquellos fármacos con AINEs y los GC. Una característica común a todos estos agentes es su que tienen un inicio de efecto retardado, requiriéndose generalmente 3 meses a más desde el inicio del tratamiento.
1.3.1. Metotrexate:
La administración de Metotrexate puede recomendarse debido a su probada seguridad y eficacia para reducir la actividad de la enfermedad. El metotrexate se utiliza en caso de efecto terapéutico insuficiente con AINEs y GC locales, necesidad de GC sistémicos continuos y/o alta actividad de la enfermedad. La eficacia del Metotrexate (oral o sc) se logra frecuentemente con dosis de 10-15 mg/m² de superficie corporal (nivel de evidencia I, nivel de recomendación A).
1.3.2. Otros inmunosupresores:
La administración de Sulfasalazina o Leflunomida se recomienda si metotrexate o Etanercept no son lo suficientemente eficaces o no pueden ser utilizados por otras razones (nivel de evidencia II, nivel de recomendación B).
1.3.3. Agentes biológicos:
Anti-TNFs: Se ha demostrado la eficacia de Etanercept y Adalimumab en el tratamiento de la AIJ poliarticular. El tratamiento anti-TNF está indicado en casos de respuesta terapéutica insuficiente con AINEs y GC locales y falta de respuesta a Metotrexate (nivel de evidencia I, nivel de recomendación A).
Anti-IL1 e IL-6: El uso de Anakinra o Tozilizumab puede recomendarse en niños y adolescentes con AIJ sistémica refractaria (nivel de evidencia II, nivel de recomendación A).
Inhibidores de la coestimulación: Los pacientes con AIJ poliarticular sin manifestaciones sistémicas, refractarios al tratamiento con Metotrexate y anti-TNF, podrían beneficiarse con uso de Abatacept (nivel de evidencia III, nivel de recomendación C). 

2. Tratamientos no farmacológicos:

2.1. Fisioterapia, terapia ocupacional y ortesis: 
El tratamiento estructurado por un fisioterapeuta/terapeuta ocupacional bien entrenado en combinación con la terapia farmacológica e instrucciones adecuadas para la enfermedad como sesiones de ejercicio diario autosuficientes son recomendadas para el mantenimiento y la mejoría de la movilidad articular (nivel de evidencia II, nivel de recomendación A).
Las ortesis adapatadas al paciente para la correción de mal alineación axial, prevención de carga de peso falsa o estabilización de articulaciones (p.e. ortesis para manos, dedos o pies) se recomiendan de forma individualizada. El uso de aparatos terapéuticos debe seguir una indicación individualizada por parte del médico. Su eficacia ha sido demostrada (nivel de evidencia I, nivel de recomendación B). 
Se recomienda el uso de termoterapia, electroterapia, ultrasonido, masaje y drenaje linfático. La aplicación de frío para la inflamación aguda también indicada (nivel de evidencia II, nivel de recommendation A). Se recomienda la electroterapia y el ultrasonido para pacientes con tenosinovitis  (nivel de evidencia III, nivel de recomendación B).

2.2. Actividad deportiva y ejercicio físico:
Se recomienda el ejercicio físico dependiendo de la extensión de la inflamación, el número de articulaciones afectadas y la actividad global de la enfermedad. Son más favorables los deportes con menor estrés articular (nivel de evidencia I, nivel de recomendación A).

2.3. Tratamiento quirúrgico:
En casos individualizados se puede considerar la indicación de sinovectomía artroscópica o abierta cuando la terapia conservadora no ha sido exitosa (nivel de evidencia III, nivel de recomendación B).

2.4. Apoyo psicológico, intervención social o cuidado socio-pedagójico:
Debería implementarse un apoyo psicológico temprano dentro los cuidados de reumatología pediátrica para detectar y tratar problemas de salud mental y trastornos conductuales asociados con alteraciones psicológicas y factores físicos (nivel de evidencia III, nivel de recomendación A). 
Se recomienda el cuidado socio-pedagójico respecto a la integración escolar, profesional y de la vidad diaria, así como la educación formal de los padres y pacientes (nivel de evidencia III, nivel de recomendación A).

Referencias: 
1. Dueckers G. Evidence and consensus based GKJR guidelines for the treatment of juvenile idiopathic arthritis.Clin Immunol. 2012;142:176-93.