viernes, 22 de junio de 2012

Riesgo cardiovascular en el Lupus Eritematoso Sistémico


Contribución de la Dra. Diana Botello. 


En el número de Enero de Rheumatology, Romero-Díaz y colaboradores han publicado una interesante revisión sobre el incremento de riesgo de presentar calcificaciones coronarias en pacientes con LES.

Se trata de un estudio de casos y controles anidado en una cohorte de seguimiento de pacientes con Lupus eritematoso sistémico (LES). El objetivo del estudio fue determinar los factores de riesgo para aterosclerosis prematura en estos pacientes. La importancia de determinar dichos factores, radica en que el riesgo  de presentar un evento coronario agudo en las pacientes con LES es 50 veces mayor al de controles de la misma edad y sexo, la presencia de enfermedad coronaria subclínica medida a través de la calcificación de las coronarias, es del 30-40% en  los pacientes  con LES versus 9-16% de los controles apareados por edad y sexo. Siendo la presencia de aterosclerosis prematura en estos pacientes parcialmente explicada por los factores tradicionales para aterosclerosis.
De una cohorte de seguimiento con  189  pacientes catalogados como enfermos al cumplir 4 o más de los criterios revisados  para la clasificación en LES (1982), que habían  sido estudiados al ingreso a la cohorte mediante  un formato de historia clínica estandarizado, exploración física , evaluación de la actividad de la enfermedad mediante el SLEDAI 2K (del inglés, Systemic Lupus Erythematosus Disease Activity Index) y analíticas entre las que se incluían: autoanticuerpos ( ANA, anti DNA, anti Ro, anti La, anti Sm, anti RNP, anticardiolipinas y anti beta 2 glicoproteina), perfil lipídico (colesterol total, HDL, LDL, triglicéridos, lipoproteína A y apolipoproteina B. A los  cuales se les había revaluado cada 3 a 6 meses, midiendo la actividad de la enfermedad mediante el SLEDAI 2000 y una vez al año, actualizando los datos demográficos, la presencia de comorbilidades, de daños irreversibles por la enfermedad, los cambios en los estilos de vida y en las variables obstétricas; Se estudiaron 139. Los restantes 50  no fueron incluidos  porque: a 27 se les perdió en el seguimiento, 6 se reusaron a participar, 14 habían fallecido y  3 cumplían criterios de exclusión (2 embarazadas, 1 paciente con angina antes del inicio del LES). La única diferencia estadísticamente significativa entre los paciente estudiados y los no estudiados fueron los niveles de proteína C reactiva.
A los 139 pacientes con LES y a 100 controles sanos apareados por edad y sexo seleccionados de forma aleatoria entre 2503 trabajadores del instituto donde se realizo el estudio, se  les evaluó de forma estandarizada mediante cuestionarios clínicos incluyendo evaluación de factores de riesgo cardiovascular, (hipertensión arterial , diabetes mellitus, menopausia, historia familiar de enfermedad cardiovascular, tabaquismo) evaluación física, analítica y tomografía computarizada multicorte cardiaca, con escáner de 64 multidetectores.  
Los individuos con calcificaciones en las coronarias fueron clasificados como enfermos para aterosclerosis, existiendo 10 (7,2%) casos enfermos para LES, y un caso sano para LES.
Entre los pacientes con LES y los sanos existieron diferencias estadísticamente significativas entre las siguientes variables: años de escolaridad [12,7 (9,3 – 16,1) en los pacientes con lupus y 14,6(12- 17,2) en los controles] (p < 0,001), prevalencia de hipertensión  [40% (28) para los pacientes con LES y 33%(24) para los controles] (p < 0,001), estado de postmenopausia [4% (3) en los pacientes y 11% (9) en los controles] (p < 0,001), niveles de LDL [106,2 (71,4 a 141) para los pacientes  y de 114,9 (80 a 149,8) para los controles] (p 0,04), niveles de  homocisteina [11,4 (6,7 a 16,1) en los pacientes y de 8,8 (5 a 12,6)] (p 0,003) y en el tamaño de la cintura en cm [ 83,4 (72,3 a 94,5) para los pacientes con lupus y de 80,3 (68,4 a 92,2) en los controles] (p 0,04).
Dado el pequeño número de casos  de calcificación coronaria, entre los enfermos y los sanos para lupus, no fue posible analizar de forma comparativa a los casos sanos versus los casos enfermos. Sin embargo, las calcificaciones coronarias fueron identificadas con mayor frecuencia entre los pacientes con lupus,  que en controles sanos de la misma edad y sexo. Siendo detectadas en estos pacientes desde los 23 años  y desde  los 3 años del diagnostico de LES.
 La presencia de calcificaciones se vio asociada con: la edad, la menopausia, los niveles de ApoB y el índice de riesgo de Framingham. Respecto a los factores propios del LES que se vieron asociados a calcificaciones coronarias están: la edad al diagnostico, la presencia de anticardiolipina IgG, la actividad de La enfermedad y la dosis acumulada de prednisolona; resultando como factor protector, el uso de antimalaricos.
A pesar de las limitaciones metodológicas del presente estudio podemos concluir que los paciente con LES tiene un aumento en el riesgo de sufrir calcificación en las arterias coronarias, comenzando a edades tempranas y al poco tiempo de inicio de la enfermedad. Los niveles altos de actividad de la enfermedad, el diagnostico a una edad más avanzada, la presencia de anticuerpos anticardiolipinas y la dosis acumulada de prednisolona se podrían considerar como n factores de riesgo no tradicionales para el desarrollo de calcificación de las arterias coronarias en pacientes con LES.  Con lo cual un control adecuado de la actividad de la enfermedad incluyendo el uso de antimalaricos y la modificación de los factores tradicionales para enfermedad cardiovascular son importantes para intentar disminuir la tasas de aterosclerosis y enfermedad coronaria prematura en estos pacientes.

Referencia
Romero-Díaz J, Vargas-Vóracková F, Kimura-Hayama E, Cortázar-Benítez LF, Gijón-Mitre R, Criales S, et al. Systemic lupus erythematosus risk factors for coronary artery calcifications. Rheumatology (Oxford). 2012 ene;51(1):110–9. 

miércoles, 20 de junio de 2012

¿En qué punto nos encontramos en la artrocentesis e infiltraciones eco-guiadas?

En varias entradas previas hemos comentado el valor añadido que presta la realización de una ecografía musculoesquelética para la valoración de múltiples patologías (mecánicas o inflamatorias). En esta ocasión, Mandl y colaboradores nos presentan un interesante estudio basado en encuestas que ha sido publicada a inicios de este año en Rheumatology.


El objetivo de este trabajo fue el de valorar en qué situación nos encontramos respecto al uso de la ecografía como herramienta para la guía de las infiltraciones y la artrocentesis. Para ello, el grupo de investigadores remitió a distintos grupos de reumatólogos que forman parte del EULAR una encuesta por vía electrónica o postal. Los encuestados fueron 44 Sociedades Nacionales de Reumatología, 29 sociedades nacionales de la Federación Europea de Sociedades para Ultrasonido en Medicina y Biología y a 22 reumatólogos expertos en punciones eco-guiadas  de las 14 naciones europeas que se encuentran incluidas en los programas nacionales o internacionales de formación de residentes en dicha técnica.

Resultados:
  • En más del 80% de países, un 60% de los reumatólogos realizan infiltraciones y artrocentesis convencionales solamente y menos de un 5% ecografía musculoesquelética.
  • En menos del 10% de países, un 0% de reumatólogos realizan infiltraciones y artrocentesis convencionales solamente, casi un 60% realizan ecografías musculoesqueléticas y un 85% están entrenados en la realización de punciones ecoguiadas.
  • En un 10 a 50% de países,  la realización de ecografías musculoesqueléticas no la realizan más que un 30% de reumatólogos y las punciones eco-guiadas no más del 20%.
  • La articulación que con mayor frecuencia se punciona bajo guía ecográfica es el hombro (100%), seguida dle tobillo (82%), la rodilla y codo (80%). La que menos, las facetarias (10%). Los porcentajes son los totales de encuestados que realizan punciones eco-guiadas. 
Un dato curioso lo constituye el grado de asepcia que revelaron los encuestados en cuanto a la sonda durante la realización de la punción eco-guiada:  32% de los usuarios refirió utilizar un condón estéril y un gel estéril para la sonda, 20% solo gel estéril, 20% solo condón estéril, 30% sólo limpieza de la zona y un 10% ninguno de los anteriores (no desinfección).

Según estos resultados, la práctica de la ecografía musculoesquelética como guía de las infiltraciones y artrocentesis sigue siendo una tarea pendiente y además su apropiada utilización en términos de desinfección un tema a tratar.

Referencia:
  • Mandl P, Naredo E, Conaghan PG, D’Agostino M-A, Wakefield RJ, Bachta A, et al. Practice of ultrasound-guided arthrocentesis and joint injection, including training and implementation, in Europe: results of a survey of experts and scientific societies. Rheumatology (Oxford). 2012 ene;51(1):184–90.
     

Seguridad y eficacia del Etanercept en pacientes con AIJ menores de 4 años.

La seguridad de los tratamientos es un tema que concentra mucha atención en el mundo científico y el caso de la AIJ y las terpias biológicas no es la excepción.

En el número de este mes de The Journal of Rheumatology, el grupo italiano de Bracaglia y colaboradores han publicado una interesante serie de 25 pacientes consecutivos con diagnóstico de AIJ menores de 4 años quienes recibieron ETN.

La media de edad de su cohorte fue de 3 años (18-48 meses de rango) al momento del inicio del tratamiento con ETN. Los dos endpoints esperados fueron la presencia de cualquier evento adverso y el alcanzar un criterior de mejoría ACR Pedi30, 50 o 70.

Debido a las características de los pacientes, era de esperar que los tiempos de observación serían cortos sin embargo, la media de tratamiento con ETN fue de 23 meses. Los pacientes recibieron terapia concomitante con MTC (24), CYC (3) y corticoides (10). Al cabo de los primeros 6 meses de tratamiento 71,4% alcanzaron una respuesta ACR Pedi30, llegando a un 80% en la última valoración. Se alcanzó una respuesta ACR Pedi70 a los 6 meses del orden del 43% y un 64% al término del seguimiento.

El end point primario de eventos adversos registró 2 casos solamente. Ambos de Varicella Zoster en dos pacientes que no estaban previamente vacunados. Uno de ellos requirió hospitalización debido a una fascitis necrotizante secundaria a dicha infección. No se registraron casos de tuberculosis, infecciones oportunistas o enfermedades neoproliferativas.

Como datos a destacar en términos de la cohorte que el porcentaje de pacientes AIJ sistémicos fue del 32%, oligoarticulares 48% y poliarticulares 16%. Otro dato que merece realce aunque el título del artículo deja en un segundo plano es la alta prevalencia de respuesta ACR Pedi70 en la cohorte presentada.

El artículo permite concluir, esta vez, en grupo de edad menor que existe un razonable respaldo estadístico alrededor de la seguridad que ofrece el ETN en pacientes con AIJ.

Referencia

  • Bracaglia C, Buonuomo PS, Tozzi AE, Pardeo M, Nicolai R, Campana A, et al. Safety and efficacy of etanercept in a cohort of patients with juvenile idiopathic arthritis under 4 years of age. J. Rheumatol. 2012 jun;39(6):1287–90.
 

Siendo más rápidos y más agresivos con la AIJ Poliarticular

En el número de Junio de la revista Arthritis and Rheumatism de este año, el grupo Childhood Arthritis and Rhematology Research Alliance, han publicado un interesante trabajo sobre los efectos del tratamiento con ETN en fases tempranas de la AIJ poliarticular asociado a MTX antes de los primeros 12 meses del diagnóstico. Este trabajo ha sido firmado por Wallace, Giannini y colaborades. Se trata de un grupo de investigación que previamente ha publicado múltiples estudios sobre pronóstico y tratamiento de pacientes con AIJ.

En esta ocasión el trabajo publicado es un ensayo clínico, doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo. Se incluyeron 85 pacientes de entre 2 y 16 años de edad con diagnóstico de AIJ poliarticular reciente (<12 meses desde el inicio de los síntomas). Se les aleatorizó en dos brazos:
  • Brazo 1: MTX 0,5 mg/Kg/semana + ETN 0,8 mg/Kg/semana + PDN 0,5 mg/Kg/día en pauta descendente hasta 0 mg/Kg/día en 17 semanas.
  • Brazo 2: MTX 0,5 mg/Kg/semana + Placebo de ETN + Placebo de PDN.
En ningún caso se superó la dosis de 50 mg semanales de MTX ni 60 mg semanales de ETN. La medida a valorar primaria fue la remisión a los 6 meses (Inactividad clínica de la enfermedad).

Los autores observaron un alcance del objetivo primario en 40% de los pacientes que se aleatorizaron al grupo 1 y 23% de los del grupo 2 (p=0,088). Después de 12 meses, la remisión fue observada en 9 pacientes del brazo 1 y 3 del brazo 2 (p=0,053).

Cabe destacar que en el presente estudio la aleatorización consiguió una homogénea distribución de los pacientes en términos epidemiológicos, clínicos y analíticos.
También es importante remarcar que en el diseño del estudio hubo dos fases adicionales de aleatorización.
Al cabo de los 4 primeros meses, aquellos pacientes que no habían alcanzado el ACR 70 fueron pasados directamente al brazo 1. Por otro lado, los pacientes que a los 4 meses habían alcanzado el ACR 70 fueron nuevamente aleatorizados y estos mismos, al 6to mes, en caso de no alcanzar el ACR 70 fueron pasados directamente al brazo 1.
En términos de seguridad conviene comentar que en el brazo 1 se identificaron 3 eventos adversos graves: 2 neumonías y un evento psicótico que se resolvió al reducir la dosis de PDN.

Los autores reconocen la falta de significado estadístico de sus resultados y hacen dos consideraciones al respecto: La primera es que se trata del primer estudio de su tipo y que por lo tanto, consideraciones relacionadas con el tamaño de la muestra deberían tenerse en cuenta al momento de valorar los resultados. La segunda consideración es que aunque las diferencias no son estadísticamente significativas, la proporción de pacientes que han alcanzado el ACR 70 no es desdeñable.

Finalmente, un dato adicional es que en la valoración a los 4 meses (que no fue objetivo primario del estudio) si que se observó una proporción significativamente mayor de ACR 70 en el brazo tratado con ETN + MTX + PDN.

Se puede concluir de la lectura de este primer ensayo clínico sobre el uso precoz de terapia biológica en AIJ que el objetivo de alcanzar la remisión en el más corto plazo se puede alcanzar con mayor probabilidad iniciando precozmente el uso de terapias biológicas, con una razonable expectativa de efectos adversos.

Referencia:
  • Wallace CA, Giannini EH, Spalding SJ, Hashkes PJ, O’Neil KM, Zeft AS, et al. Trial of early aggressive therapy in polyarticular juvenile idiopathic arthritis. Arthritis and rheumatism. 2012 jun;64(6):2012–21.

martes, 5 de junio de 2012

Alerta respecto al aumento del riesgo de fracturas osteoporóticas durante el tratamiento con Inhibidores de la Bomba de Protones


Los inhibidores de la bomba de protones (IBP), se encuentran entre los medicamentos más prescritos en nuestro medio y a nivel mundial. A pesar de que dichos fármacos son considerados seguros, se han descrito numerosos eventos adversos asociados con su uso, por lo que debería evaluarse más cuidadosamente la prescripción del tratamiento IBP por períodos prolongados. Dentro de dichos eventos se encuentran el desarrollo de pólipos gástricos, infecciones intestinales (incluyendo la colitis pseudomembranosa, lo que ha motivado una alerta por la FDA), nefritis intersticial, y neumonía. A nivel del metabolismo óseo, se ha llamado la atención respecto a la asociación del uso prolongado de IBPs con hipomagnesemia, el desarrollo de osteoporosis y el incremento del riesgo de fracturas. Se sabe que los IBPs pueden inhibir la absorción de calcio, interferir con la función de los osteoclastos, o inducir hipergastrinemia, lo que da lugar a una reducción de la densidad mineral ósea en relación con hiperparatiroidismo.

En Marzo de 2010 la FDA emitió una alerta respecto al posible aumento del riesgo de fracturas vertebrales, de cadera y codo asociadas al tratamiento IBP en los estudios post-comercialización, encontrándose que:

*En 6 estudios hubo aumento del riesgo de fracturas con el uso de IBPs.
*El período de exposición a los IBPs variaba de 1 a 12 años dependiendo del estudio.
*La aparición de las fracturas variaba entre los estudios, encontrándose en un estudio aumento de fracturas con el uso de IBPs en los 2 años previos y en otro estudio después de 5 a 7 años de su uso.
*El aumento del riesgo de fracturas se observó mayormente en pacientes ancianos.
*En dos estudios el incremento del riesgo se vio con el uso de dosis de IBPs más altas de las habituales.
*Sólo un estudio no encontró relación entre los IBPs y el aumento del riesgo de fracturas, pero la población de estudio se limitaba a aquellos sin factores de riesgo para fracturas.

Las conclusiones en esta alarma fueron que a partir de dichos estudios se sugería una posible relación entre el uso de IBPs y el riesgo de fractura en las localizaciones mencionadas, y que dicho riesgo era dependiente de la dosis y la duración del tratamiento, pero sin que se pudiera aseverar su magnitud. Se recomendaba por ello a los profesionales de la salud reducir las dosis o acortar la duración del tratamiento con IBPs, de acuerdo con las necesidades del paciente.

Posteriormente a esta alarma, han seguido surgiendo estudios en los que se confirma esta asociación. Recientement Khalili et al. publicaron en British Medical Journal un estudio realizado en 9899 mujeres incluidas en la cohorte Nurses’ Health Study, las cuales tenían disponibles datos respecto a uso de IBPs y otros factores de riesgo para fracturas osteoporóticas. Durante  el seguimiento de 565786 personas-años ellos encontraron 893 fracturas incidentes de cadera. El riesgo absoluto para fractura de cadera en pacientes que usaban IBPs fue de 2.02 eventos por 1000 personas-años, comparado con 1.51 en aquellas que no los usaban. Dicho riesgo fue mucho mayor en las mujeres que usaban IBPs regularmente, siendo del 35% en aquellas tratadas por al menos 2 años y continuó incrementándose con la duración del tratamiento. El ajuste de otros factores de riesgo como el índice de masa corporal, actividad física e ingesta cálcica no alteró dicha relación. Tampoco hubo variación con el motivo del uso del IBP. Sin embargo, si se encontró relación con el antecedente de tabaquismo, incrementándose el riesgo de fractura en más de 50% en mujeres fumadoras durante el tratamiento IBP.

En conclusión, la evidencia actual sugiere fuertemente una asociación entre el uso habitual de los IBPs y el incremento del riesgo de fracturas osteoporóticas, siendo mayor en pacientes con períodos prolongadds de tratamiento o antecedentes de tabaquismo. Dado que estos medicamentos se usan con gran frecuencia en la práctica clínica individual (no estando muchas veces justificado su uso o haciéndose con fines “profiláticos”), deberíamos valorar más cuidadosamente a que pacientes se administran estos tratamientos, sobre todos a aquellos que son candidatos a recibir estos fármacos de forma continua o por períodos prolongados.

Referencias:
1. Vakil N. Prescribing proton pump inhibitors: is it time to pause and rethink? Drugs. 2012 Mar 5;72(4):437-45.
2. FDA Drug Safety Communication: Possible increased risk of fractures of the hip, wrist, and spine with the use of proton pump inhibitors. Disponible en: http://www.fda.gov/drugs/drugsafety/postmarketdrugsafetyinformationforpatientsandproviders/ucm213206.htm
3. Khalili H, Huang ES, Jacobson BC, Camargo CA Jr, Feskanich D, Chan AT. Use of proton pump inhibitors and risk of hip fracture in relation to dietary and lifestyle factors: a prospective cohort study. BMJ. 2012 Jan 30;344:e372.

domingo, 3 de junio de 2012

¿Puede la RM ser tan confiable como la TC en la detección de erosiones en sacroiliacas en la Espondilitis Anquilosante?

La Espondilitis Anquilosante (EA) es una enfermedad inflamatoria crónica perteneciente al grupo de las espondiloartritis, caracterizada por afección predominante del esqueleto axial (columna vertebral y articulaciones sacroiliacas) y las entesis, produciendo daño estructural y neoformación ósea que a la larga conducen a una importante limitación funcional. Su impacto es más grave debido a que en más del 80% de los pacientes esta enfermedad debuta antes de los 40 años. Hasta la fecha el diagnóstico definitivo de esta enfermedad se basa en los criterios de New York modificados (tabla 1), los cuales utilizan como base la radiología simple de sacroilíacas (SI). Dichos presentan serias limitaciones debido a que se necesita un periodo de tiempo prolongado hasta que las alteraciones radiológicas sean evidentes (de al menos 2 años), no existe una clara separación entre los 4 estadios propuestos, las erosiones pequeñas no son fácilmente distinguibles, y presenta gran variabilidad interobservador. La tomografía computarizada (TC) puede detectar mejor los cambios morfológicos en SI incluyendo las erosiones, de forma mucho más sensible y temprana que la radiología convencional; sin embargo, su uso se ve limitado debido a la enorme radiación que conlleva este método, por lo cual se reserva para casos en los que la radiología no es concluyente y la resonancia magnética (RM) esta contraindicada.


Tabla 1. Gradación de la sacroileitis (1966)1

- Grado 0: normal.
- Grado 1: Cambios sospechosos.
- Grado 2: Alteraciones mínimas – areas pequeñas localizadas con erosions o esclerosis, sin alteración del espacio articular.
- Grado 3: Alteraciones inequívocas – sacroileítis moderada o avanzada con uno o más de los siguientes: erosiones, evidencia de esclerosis, ensanchamiento, pinzamiento, o anquílosis parcial.
- Grado 4: Alteraciones severas – anquílosis total

Criterio radiológico de acuerdo con los criterios de New York modificados para EA (1984)2

-    Sacroileitis grado >2 bilateral o grado 3–4 unilateral.

1. Bennett P, Burch T. Population studies of the rheumatic diseases. Amsterdam, The Netherlands: Excerpta Medica Foundation, 1968: 456–7.
2. van der Linden S, Valkenburg HA, Cats A. Evaluation of diagnostic criteria for ankylosing spondylitis. A proposal for modification of the New York criteria. Arthritis Rheum 1984;27:361–8.

La introducción de la RM en la valoración de la SI en EA significó un enorme avance debido a que permite valorar además la actividad inflamatoria en dichas articulaciones, que se traduce por la presencia de edema óseo/osteitis, constituyendo la lesión inflamatoria activa mejor caracterizada en dichas articulaciones y presenta una adecuada correlación con otros parámetros de actividad de la EA. De hecho, la presencia de edema óseo constituye uno de los criterios de clasificación para espondiloartritis axial no radiológica propuestos por la International Society for Assessment of Spondiloartritis (ASAS). Esta institución ha sistematizado además las otras lesiones observables por RM en lesiones inflamatorias activas y crónicas (tabla 2).  Sin embargo, se considera que esta técnica no valora los cambios morfológicos de manera tan precisa como lo hace la radiología convencional o el TC, debido a que la esclerosis y la anquilosis habitualmente no tienen una traducción adecuada en esta modalidad, observándose solo como hiposeñal en todas las secuencias y en algunos casos no ser observables como el caso de los sindesmofitos.

Tabla 2. Lesiones típicas por RM en articulaciones SI

Lesiones inflamatorias activas (STIR/ T1 post-gadolinio):
– Edema óseo/osteítis
– Capsulitis
– Sinovitis
– Entesitis

Lesiones inflamatorias crónicas (Generalmente T1):
– Esclerosis
– Erosiones
– Transformación grasa
– Puentes óseos/anquílosis

Sieper J, Rudwaleit M, Baraliakos X, Brandt J, Braun J, Burgos-Vargas R, Dougados M, Hermann K-G, Landewé R, Maksymowych W, van der Heijde D. The Assessment of SpondyloArthritis international Society (ASAS) handbook: a guide to assess spondyloarthritis. Ann Rheum Dis 2009;68;ii1-ii44

A pesar de la aparente limitación de la RM para detectar cambios crónicos en SI, desde hace algún tiempo algunos expertos han llamado la atención respecto a que las erosiones si pueden ser detectadas de forma sensible en la secuencia T1 de la RM (que valora mejor cambios estructurales, a diferencia de las recuentas T2-supresión grasa y STIR, que son secuencias más sensibles para inflamación activa), mucho antes de que se vean en la radiología convencional, por lo que se requieren estudios que confirmen el potencial de la RM para detectar erosiones. En este línea se encuentra el estudio realizado por Weber et al. y publicado recientemente en Arthritis Research andTherapy.  Cuatro observadores valoraron independientemente las imágenes de RM de SI de 30 pacientes con EA y 30 controles no EA, buscando erosiones y valorando su extensión y relleno, tanto en secuencias T1 como STIR. Dos o más observadores detectaron erosiones en todos los pacientes con EA y en 6 de los controles. El promedio de cuadrantes afectados por erosiones identificados por los 4 observadores fue 8.6 en el iliaco y 2.1 en la porción sacra de la articulación, hallazgo que fue estadísticamente significativo (P <0.0001). La reproducibilidad de la valoración de las erosiones para la totalidad de pacientes y los 4 observadores fue bastante buena, como lo revelan los coeficientes Kappa de 0.72, 0.73 para la extensión de las erosiones y 0.63 para el relleno de la erosión. Los coeficientes de correlación intraclase fue 0.79 para erosión, 0.72 para extensión y 0.55 para relleno. Se utilizó como comparación el valor de dichos coeficientes para edema óseo, que fueron were 0.61 y 0.93. Los autores concluyen en base a dichos hallazgos que la RM puede detectar las erosiones en SI con un grado de confiabilidad semejante al que esta técnica tiene para el edema óseo.
  
Figura 1. Aspecto de las erosiones en la RM. Erosión extensa en todo el margen ilíaco de la articulación (A).  Erosiones en ambos márgenes articulares que son rellenadas por nuevo tejido con señal similar al hueso normal (B) (reproducido de referencia 3).

A pesar que este estudio no compara directamente la detección de erosiones por RM con la mejor técnica disponible que tenemos actualmente, que es el TC, abre posibilidades para que se realicen más estudios al respecto para validar la RM como método de detección de erosiones en SI. Cabe también resaltar que las erosiones en la RM tienen una apariencia más heterogénea que en la radiología convencional o el TC, como lo comentan los autores en el artículo, y que se requiere entrenamiento para poder realizar su correcta identificación; sin embargo, debido a que esta técnica es cada vez más accesible, y sobre todo necesaria en la valoración del paciente con EA, consideramos que vale la pena difundir el enorme potencial que tiene y que va más allá de sólo valorar el edema óseo.

Referencias:
1. Guglielmi G, Scalzo G, Cascavilla A, Carotti M, Salaffi F, Grassi W. Imaging of the sacroiliac joint involvement in seronegative spondylarthropathies. Clin Rheumatol. 2009 Sep;28(9):1007-19.
2. Sieper J, Rudwaleit M, Baraliakos X, Brandt J, Braun J, Burgos-Vargas R, Dougados M, Hermann K-G, Landewé R, Maksymowych W, van der Heijde D. The Assessment of SpondyloArthritis international Society (ASAS) handbook: a guide to assess spondyloarthritis. Ann Rheum Dis 2009;68;ii1-ii44.
3. Weber U, Pedersen SJ, Ostergaard M, Rufibach K, Lambert RG, Maksymowych WP. Can erosions on MRI of the sacroiliac joints be reliably detected in patients with ankylosing spondylitis? A cross-sectional study. Arthritis Res Ther. 2012 May 24;14(3):R124.