domingo, 11 de mayo de 2014

Tema de revisión: Manejo de la Osteopenia en AIJ

INTRODUCCION
La osteoporosis en la artritis idiopática juvenil (AIJ) es una definición que parte de la extrapolación de un concepto epidemiológico definido para población adulta. Su aplicación en población infantil es inapropiada por múltiples razones. La más importante radica en que la definición de osteoporosis corresponde al concepto histológico de osteopenia a la que se añade un perfil epidemiológico que teóricamente incrementa el riesgo de fractura en un individuo. Este perfil de riesgo no se puede definir con certeza por tres motivos: (1) En niños no se ha determinado con suficiente exactitud que perfil densitométrico genera ese riesgo, (2) el esqueleto de un niño se encuentra en constante crecimiento y por lo tanto las medidas habituales de medición subestiman el contenido mineral óseo y (3) Los instrumentos de medida de que disponemos no tienen patrones de comparación universalmente aplicables a población infantil y la generación de tablas regionales sigue siendo una tarea pendiente.
El retraso de la mineralización ósea y la reducción de su masa se considera un fenómeno multifactorial ampliamente descrito en pacientes con artritis idiopática juvenil (AIJ).1–3 Los factores que influyen negativamente en la densidad mineral ósea son: La inflamación crónica,4–6 el retraso en la maduración puberal,3 malnutrición,7 debilidad muscular,6 actividad física limitada,8,9 inicio temprano de la AIJ,3 y corticoterapia.1,10
En adelante utilizaremos el término osteopenia o enfermedad ósea asociada a la AIJ para referirnos al concepto histológico de disminución del grosor y la población trabecular en pacientes con esta enfermedad asociado a adelgazamiento o no de la cortical.1,11,12
La caracterización fisiopatológica de los procesos que explican la relación entre la osteopenia y AIJ ha evolucionado a partir del momento en que se reconoció dicha asociación  epidemiológicamente. En la actualidad uno de los conceptos más relevantes en esta asociación es la interacción músculo-hueso y las alteraciones que esta interacción sufre durante los procesos inflamatorios crónicos.1,8,13,14
Estas alteraciones no se presentan exclusivamente en los periodos en que la enfermedad está activa sino que se pueden documentar incluso en los periodos de remisión. Por esta razón la valoración del aparato musculoesquelético debe ser parte del estudio evolutivo del paciente con AIJ a lo largo de todo su seguimiento.1,13,15
Contra esta necesidad se presentan tres dificultades relevantes: Una escaso consenso en la recomendación de la técnica apropiada para evaluar la masa ósea, una falta de definición terminológica para la osteoporosis en pediatría y una escasez de estudios controlados sobre intervenciones terapéuticas en pacientes con AIJ y osteoporosis.

DEFINICIONES PREVIAS
La densidad mineral ósea, masa mineral ósea y densidad ósea.
Los procesos biológicos de crecimiento y remodelado óseo influyen en la geometría (grosor cortical, estructura trabecular) y densidad del hueso. La resistencia del hueso está determinada por ambas variables.12,13,16
La formación de hueso se inicia con un depósito de matriz ósea orgánica sobre la que posteriormente se produce un proceso de mineralización.16
La osteopenia como entidad patológica es el resultado de un insuficiente depósito de matriz orgánica o a un incremento de la resorción ósea. Su correlato histológico es el de una reducción en el número de trabéculas óseas o en su grosor asociado o no a una disminución en el grosor de la cortical del hueso.16
La osteomalacia es un desorden de la mineralización de la matriz ósea orgánica. Como resultado de este desorden la densidad mineral ósea se ve disminuida tanto a nivel trabecular como cortical. Este concepto permite ilustrar apropiadamente las deficiencias que tienen nuestros habituales sistemas de medida.
La densidad ósea se define como la masa mineral por volumen y se expresa en g/cm3. Uno de los instrumentos más utilizados para valorar la densidad ósea es la radioabsorciometría de doble energía (DEXA). Los resultados obtenidos por medio de esta técnica son conocidos en la práctica clínica habitual como "densidad mineral ósea" pese a que expresa la masa ósea (mineral y orgánica) en gramos en relación con un área de hueso en cm2. Debido a ello es que una masa ósea reducida según una DEXA puede deberse indistintamente a osteopenia u osteomalacia.14
Mientras que la densidad mineral ósea (DMO) debería expresar la masa mineral del hueso por unidad de volumen, nuestros instrumentos de medida habitual (DEXA) nos informan de la masa ósea detectada en un volumen de hueso demarcado por un área única. Dicho volumen no es conocido por el aparato y por lo tanto se expresa en unidad de área. La masa mineral ósea es la cantidad de materia inorgánica contenida en un hueso. En tanto que la masa mineral se concentra en la cortical del hueso, la masa mineral ósea es un buen marcados de resistencia a la fractura cuando la matriz es normal. La densidad ósea, por otro lado, es la medida de masa por unidad de volumen. Su valor es escaso en tanto que no discrimina entre materia orgánica ni inorgánica. Determinados puntos de exploración pueden subsanar este problema: Si exploramos la cabeza del fémur la cortical será delgada mientras que si exploramos la diáfisis la cortical será gruesa.11,13,14,17
La unidad osteo-muscular
La tracción que realiza el sistema muscular sobre los huesos por medio de los tendones y sus entesis representan el estímulo más importante para el crecimiento del hueso y su mantenimiento.18 Esto ha sido demostrado por medio de una correlación linear entre la masa muscular y la masa ósea en pacientes prepúberes, púberes y postpúberes.19
Uno de los estudios que sirvieron para sustentar sólidamente la relación entre masa muscular y alteración de la geometría ósea fue el elaborado por Roth et al8. Los investigadores realizaron un estudio transversal sobre 57 pacientes con AIJ midiendo la masa muscular, densidad trabecular y el grosor cortical del hueso por medio de un método de tomografía cuantitativa periférica y comparando los resultados con las medias poblacionales para la misma edad y estatura. El estudio demostró que los pacientes con AIJ presentaban una significativa disminución en el área del corte transversal de la masa muscular del antebrazo, misma que se correlacionó linealmente con menor fuerza y menor grosor de la cortical del hueso. Aunque el tamaño de la población estudiada fue modesto se observó que la densidad trabecular se vio afectada en la AIJ poliarticular y la densidad cortical fue normal en todos los grupos de AIJ.
Los resultados de estas investigaciones denotan que los pacientes con AIJ sufren de una disminución en la masa ósea y por lo tanto ésta junto con la masa muscular y la fuerza motriz deben ser valoradas a lo largo de la evolución de estos pacientes.

¿Por qué debemos ser cautos con la definición de osteoporosis infantil?
En adultos la osteoporosis es una definición basada en el descenso de la masa ósea, alteración de la microarquitectura del hueso y aumento del riesgo de fracturas.20 Para establecerla se requiere comparar la masa ósea (medida por DEXA) del paciente con la de una persona joven. Por definición se exige que la medida del paciente se encuentre por debajo de -2.5 desviaciones estándar del patrón de referencia. Las mediciones cuya comparación se encuentren entre -1 y -2.5 desviaciones se consideran osteopenia. A esto se denomina la escala T.
En el caso de niños, no existe una definición basada en la evidencia debido parcialmente al hecho de que no hay datos que estimen el riesgo de fractura basados en las desviaciones de la masa ósea.21 Por otro lado, aunque dispusiéramos de tales datos, cualquier valoración de osteoporosis basada exclusivamente en la comparación de desviaciones respecto de un patrón (habitualmente la escala Z) será inferior a la que incluya además la medición de la masa y fuerza muscular. Aunque no hay un consenso internacional al respecto, Roth et1 al establecieron una serie de recomendaciones para el estudio de pacientes con AIJ en los que se haya demostrado una disminución de la masa ósea: Masa ósea en relación con la estatura, densidad trabecular y cortical, masa muscular en relación con estatura y masa ósea en relación con masa muscular.

INTRUMENTOS DE VALORACION DE LA OSTEOPENIA EN AIJ
La DEXA es la técnica más comúnmente utilizada para valorar la densidad mineral ósea. Sus resultados se expresan en términos de masa mineral ósea (BMC, por sus siglas en inglés) en g/cm2.  Este estudio no mide realmente la densidad mineral ósea (que tendría que expresarse en g/cm3), no expresa información sobre la matriz orgánica del hueso, y no diferencia entre hueso cortical y trabecular. Además los resultados se influencian por el tamaño del hueso y por lo tanto, por el tamaño del paciente.
La tomografía computarizada cuantitativa periférica (pQCT, por sus siglas en inglés) es un procedimiento que expone al paciente a menos de un tercio de la radiación requerida para realizar una DEXA. Este estudio permite distinguir el hueso trabecular del cortical, la densidad del hueso, la geometría ósea y la masa muscular. Esto la convierte en la prueba de elección para el estudio del hueso y músculo en pacientes pediátrico. Existen dos aspectos que restan aclarar sobre la utilidad del pQCT en el estudio del hueso en pacientes pediátricos: Su falta de precisión en la valoración de la cortical de niños pequeños y la extrapolación de los resultados del estudio óseo periférico al esqueleto axial. Esta última limitación podría ser omitida en tanto que varios estudios publicados a finales de la década de los 90s señalaban que la afectación ósea y la inducida por corticoides en pacientes con AIJ era fundamentalmente periférica.2,22,23
Finalmente el estudio del hueso por medio de la ultrasonografía no ha demostrado utilidad en la valoración de pacientes pediátricos con AIJ24, por lo que su uso no está recomendado y hoy en día es muy infrecuente. Una excepción a ello es la sonometría ósea cuantitativa que en una serie pequeña de niños con AIJ demostró una aceptable correlación con la DEXA y cierto valor como herramienta de screening.25
Schoenau et al18 propusieron un algoritmo diagnóstico para distinguir los defectos metabólicos del hueso como primarios (dependientes de alteraciones en el depósito mineral o en la remodelación ósea) o secundarios (dependientes de alteraciones en la unidad músculo-ósea). Para su elaboración se requiere de una determinación de la fuerza muscular (o masa muscular) y del contenido mineral óseo (BMC, por sus siglas en inglés). La fuerza o masa muscular deben ser valorados en función de la estatura del paciente y el BMC se obtiene por medio de pQCT y se expresa en términos de gramos por mm de grosor de un voxel de 0.4 x 0.4 mm.  Un defecto óseo primario debe sospecharse cuando en presencia de una masa muscular adecuada para la estatura el BMC no es adecuado. Por otro lado, un defecto secundario debe sospecharse cuando en un paciente con masa muscular inapropiada para la estatura se observa un BMC adecuado. El mismo grupo de autores han demostrado en pacientes sanos una correlación lineal entre la masa muscular y el BMC en niños y niñas.
Tabla 1. Ecuaciones de regresión que relacionan la masa muscular y el contenido mineral óseo. Schoneau et al (J Bone & Min Res; 2002[17]:6)

BMCniñas (mg/mm) = -6.60 + 3.03 x CSA (cm2); r=0.89
BMCniños (mg/mm) = +8.52 + 2.13 x CSA (cm2); r=0.92

La masa muscular, medida en términos del área del corte transversal se correlaciona muy bien con la fuerza (mensurable mediante dinamometría).15,18 Esto permite que la fuerza muscular pueda ser utilizada como medida para su aplicación en el razonamiento diagnóstico del algoritmo propuesto por Schoneau.
Recomendaciones prácticas
  1. Se deben generar datos de referencia obtenidos por medio de los mismos instrumentos de medida (DEXA o pQCT) a utilizar en cada población. Estos resultados deben estar disponibles según edad, sexo y etnia.
  2. Los resultados deben valorarse en base a los correspondientes valores de referencia obtenidos y expresados en términos de veces de desviación estándar (Escala Z).
  3. Se deben realizar correcciones por estatura en pacientes con retardo del crecimiento, y según estadio Tanner en caso de retraso del desarrollo puberal.
  4. Una vez obtenidas las determinaciones de masa muscular y BMC se puede aplicar el algoritmo para determinar si la pérdida de masa ósea se debe a una menor masa muscular o es parte de un disturbio primario.
Utilidad de los marcadores de metabolismo óseo
Pueden ser clasificados en tres grupos26
Marcadores generales: Calcio, fosfato, vitamina D, PTH, IGF-1.
Marcadores de formación ósea: Fosfatasa alcalina ósea, osteocalcina y procolágeno.
Marcadores de resorción ósea: Enzimas de osteoclásticas, productos de degradación del colágeno como la piridolina.
El mayor inconveniente del uso de estos marcadores es su disponibilidad para el seguimiento rutinario y la variabilidad circadiana de muchos de ellos.27 Por otra parte, muchos de los marcadores son específicos de la actividad osteoblástica u osteoclástica y por lo tanto no son útiles al momento de valorar la función remodeladora, modeladora o de formación de hueso, en la que ambos tipos de células actúan de forma simultánea. Escapan a estas debilidades las determinaciones de Vit D, de fosfatasa alcalina ósea y de paratormona.
RANK/RANKL
El “receptor activador del factor nuclear kB” (RANK) y su correspondiente ligando RANKL son importantes coordinadores de la actividad de osteoblastos y osteoclastos. La proteína RANKL se expresa en la superficie de los osteoblastos y de células T activadas. Como resultado de su interacción con el receptor RANK expresado por los osteoclastos y sus precursores, se produce una maduración de estos y la prolongación de la supervivencia de las células maduras suprimiendo la apoptosis y por lo tanto, promoviendo el catabolismo óseo. El control de la actividad de este proceso depende en gran medida de la osteoprotegerina (OPG) que actúa secuestrando RANKL y evitando que ejerza su efecto sobre los osteoclastos. La OPG es sintetizada por los osteoblastos. En contra de la actividad de la OPG se encuentran: La deficiencia de estrógenos, la actividad de los glucocorticoides, el incremento de la activación de  células T o la falta de estimulación mecánica. Todas estas situaciones o condiciones favorecen la actividad RANKL. Concretamente en pacientes con AIJ, la activación de células T (expresoras de RANKL), el incremento de IL-1, IL-6 y TNF-alfa pueden inducir una activación sostenida de osteoclastos con subsecuente actividad catabólica del hueso. Por el contrario, la inhibición del TNF-alfa normalizaría el balance entre RANKL y OPG.28
EPIDEMIOLOGIA DE LA ENFERMEDAD OSTEOMETABOLICA EN AIJ
Como se ha señalado al principio, existen múltiples condicionantes de la afectación patológica del hueso. La AIJ por si misma condiciona la disminución de la masa ósea por procesos como la activación de células T, liberación de IL-1 e IL-6, retardo del crecimiento y disminución de la actividad física. De forma indirecta, los pacientes con AIJ sufren además del efecto catabólico del hueso producido por los glucocorticoides y de la disminución de la masa muscular. En cierta medida, todos los factores condicionantes actúan de forma simultánea por lo que el abordaje de la afectación ósea en la AIJ debería ser integrándolos todos.
Prevalencia
En estudios transversales en los que predominantemente se utilizó la DEXA, se observó que los pacientes pertenecientes a todas las categorías de AIJ mostraron un descenso significativo de la masa ósea tanto en esqueleto axial como periférico.2 En la mayor parte de estos estudios, sin embargo, no se realizó la corrección necesaria para pacientes con retraso del crecimiento, retraso puberal ni el correspondiente ajuste en función de la estatura. Pese a estas consideraciones, se ha observado que los pacientes con AIJ poliarticular presentan menor masa ósea que los pacientes con AIJ oligoarticular.2 En estos grupos no se identificaron diferencias en el aporte de calcio y vitamina D ni tampoco se indentificó correlación alguna entre ambas variables y las relacionadas con el metabolismo óseo.2,22
La masa ósea y la masa muscular fueron variables fuertemente correlacionadas.2
Henderson et al, utilizando la DEXA como medida de masa mineral ósea determinó en una serie pequeña de prepúberes de ambos sexos una prevalencia de 30% de sujetos con una Z < -1.0.29 En un estudio posterior únicamente con niñas postpúberes con el antiguo diagnóstico de artritis reumatoide juvenil y utilizando la misma herramienta de medición, encontró una prevalencia del 30%.30 En ambos estudios ningún paciente había estado expuesto a terapia con glucocorticoides. Aunque los tamaños muestrales fueron modestos, se alcanzó identificar como factores de riesgo relacionados con una menor masa ósea a la mayor actividad de la enfermedad, mayor afectación articular y mayor limitación funcional.29 Asimismo, los autores realizaron análisis de regresión logística para identificar la variable que contribuía con mayor peso a la disminución de la masa mineral ósea. En el análisis preliminar solamente la osteocalcina y la masa muscular tuvieron una correlación significativa (p<0.05) sin embargo en el análisis "hacia delante", la osteocalcina no alcanzó significado estadístico. Por otro lado, la masa muscular explicó el cambio en la masa mineral ósea en un 76.3% con un coeficiente beta de -0.8093.
Los estudios realizados con pQCT demuestran una reducción en la masa ósea en todos los subgrupos de pacientes con AIJ. Los cambios más llamativos son: reducción en el área del corte transversal del músculo, menor fuerza muscular, menor grosor de la cortical con preservación de su densidad y menor densidad trabecular yuxta articular (en articulaciones afectadas).8,11 Bechtold et al aplicó el uso de la pQCT en pacientes con AIJ y observó que, en general, a mayor duración de la enfermedad y a mayor gravedad menor estatura, menor densidad mineral ósea y peores parámetros fuerza ósea. En estos pacientes la estatura, el contenido mineral óseo y el área del corte transversal de la masa muscular fueron inferiores a los esperados por la edad sin embargo la masa muscular fue la apropiada para la estatura (defecto óseo primario).11
A lo largo de un seguimiento de 4 años de pacientes con AIJ, Roth et al identificó un incremento del área del corte transversal de la masa muscular y del grosor de la cortical. Este estudio fue el primero que demostró adaptaciones geométricas del hueso sin embargo estas modificaciones son el resultado de disturbios en el desarrollo esquelético a nivel medular y periosteal.13


Fracturas en pacientes con AIJ
La prevalencia de fracturas en pacientes con AIJ es significativamente mayor que en población general. La serie de Elsasser et32 al reportó 14 pacientes en de una cohorte de 70 niños, no obstante se trata de una publicación antigua y en la que no se contaba aún con las terapias biológicas. En otra cohorte posrterior, Murray et al33 contabilizaron un 23% de fracturas patológicas en pacientes con AIJ. La mayor duración de la enfermedad marcada por un diagnóstico a menor edad, el retraso en el crecimiento (factor confusor conocido de disminución de la masa mineral ósea) y el uso de glucocorticoides fueron identificados como factores de riesgo.
La serie más grande publicada comparó la incidencia de fracturas en pacientes con AIJ.  Se siguió 1939 sujetos con AIJ y fueron comparados con 207072 controles. La prevalencia de fracturas en el grupo con AIJ fue de 6.7% mientras que en el grupo control fue de 3.3%.34 Globalmente el sexo femenino se afectó con mayor proporción sin embargo una vez estratificados los pacientes en función de la edad, estas diferencias desaparecieron. La más reciente de las series de pacientes con AIJ seguidos para determinar la incidencia de fracturas vertebrales tras la iniciación de glucocoirticoides fue de 6 casos por cada 100 sujetos/año. La mayor parte de pacientes cursaron de forma asintomática. Los pacientes con fractura vertebral habían recibido una mayor dosis acumulada de glucocorticoides, habían tenido un mayor incremento en su índice de masa corporal y presentaban una mayor disminución de su densidad mineral ósea (escala Z) en los primeros 6 meses de tratamiento.35
Parece razonable prestar especial atención a pacientes con AIJ poliarticular, sistémica y oligoarticular en los que no se haya conseguido alcanzar una rápida remisión y aquellos en los que se hayan utilizado glucocorticoides. En este grupo de pacientes conviene medir la densidad mineral ósea, realizar el ajuste en función de la estatura. Con esos resultados el clínico deberá considerar medidas de entrenamiento muscular o farmacológico.

LOS CORTICOIDES Y LA OSTEOPENIA EN AIJ
Múltiples estudios transversales han mostrado que el tratamiento con glucocorticoides se asocia a una disminución en la masa ósea del fémur y del esqueleto axial. Kotaniemi et al23 realizó estimaciones de la masa ósea por medio de DEXA y el cálculo de la densidad volumétrica ósea y encontró que la asociación entre glucocorticoides y disminución de la masa ósea estaba mediada por un retraso en el crecimiento y una menor densidad volumétrica ósea. La más importante debilidad de este estudio radica en que los pacientes fueron controlados con sujetos pareados de por edad y sexo sanos en lugar en pacientes con AIJ no expuestos a corticoides.
En un estudio más reciente, Falcini et al10 comparó la densidad mineral ósea medida por DEXA en pacientes con AIJ expuestos a glucocorticoides con pacientes con AIJ que recibieron AINEs. Sus resultados demostraron una significativa disminución de la BMD en el esqueleto axial de los pacientes que recibieron glucocorticoides. Este estudio se presta a pasar por alto el hecho de que los pacientes con cuadros de AIJ más graves tomarán con mayor probabilidad esteroides que aquellos en los que la enfermedad sea menos agresiva. No obstante ello, el trabajo aportó un hallazgo importante: El uso de suplemento de Vitamina D y Calcio no modificó el efecto de los corticoides en la densidad mineral ósea en los pacientes con AIJ. El retardo del crecimiento inducido por los glucocorticoides exige que se hagan correcciones al momento de valorar la escala Z en función de la estatura.
No existen estudios dirigidos a determinar si los medicamientos modificadores de la enfermedad producen cambios en la masa mineral ósea  con excpeción de un estudio prospectivo en el que se demostró que la administración de Metotrexate no se asociaba a ningún tipo de modificación.31 Por otro lado el efecto que ejercen los anti-TNF alfa inhibiendo rapidamente la inflamación en pacientes con AIJ y evitando la interacción de la proteina RANK y su lingando.28

ALTERNATIVAS TERAPÉUTICAS

Calcio y vitamina D
El desarrollo del hueso depende en primer lugar del depósito de la matriz orgánica y en segundo lugar de la mineralización. Los déficits de calcio producen raquitismo como consecuencia de la alteración de los cartílagos de crecimiento y osteomalacia en otros puntos del esqueleto.
Entendida histológicamente la osteopenia como la reducción en el número y grosor de las trabéculas y como el adelgazamiento de la cortical, esta no produce por una alteración de la mineralización sino por una alteración del depósito de la matríz.16
No se ha demostrado correlación entre el aporte de calcio y las variables óseas en niños sanos con un aporte mínimo diario de 500 mg de calcio. Esto supone que una vez alcanzado este requerimiento mínimo, los aportes suplementarios no supondrían un beneficio adicional.16
Teniendo en cuenta esto y que además lo que de forma corriente se entiende por “osteoporosis” en pacientes con AIJ realmente es osteopenia se concluye que el uso de suplementación con calcio y vitamina D con fines profilácticos tiene sustento limitado una vez que el paciente ha alcanzado un aporte mínimo.
Por otro lado, ha sido ampliamente reconocido que las enfermedades crónicas cursan con deficiencias de vitamina D.36 Finalmente, cabe anotar que la terapia con glucocorticoides pueden interferir con el metabolismo de vitamina D y calcio como consecuencia de una reducción de la absorción de calcio e induciendo a un hiperparatiroidismo secundario.
La suplementación de Vitamina D ha sido estudiada en escasos trabajos y los resultados, una vez contrastados resultan controversiales. En un estudio prospectivo con pacientes con AIJ suplementados con vitamina D no se identificó beneficio en términos de densidad mineral ósea medida por DEXA.37 No obstante, en niños con AIJ y deficiencia de vitamina D, la suplementación con calcitriol produjo incrementos significativos en la densidad mineral ósea.38 Un estudio reciente, controlado y randomizado administró 1000 mg de Calcio y 400 U de Vitamina D a pacientes con AIJ demostrando puntuales beneficios estadísticamente significativos en términos de BMD.39
La guía de la sociedad europea de endocrinología pediátrica señala que existe “escasa” evidencia que sustente el uso profiláctico de Vitamina D en la prevención o el tratamiento de la osteoporosis inducida por glucocorticoides. En términos de recomendación solamente se incide en un adecuado aporte de calcio y vitamina D, y la vigilancia de potenciales estados carenciales.36

Bifosfonatos
El principal efecto de los bifosfonatos consiste en la supresión del metabolismo de los osteoclastos. Los efectos colaterales incluyen la hipocalcemia postinfusional, hipofosfatemia, cefalea, efectos gastrointestinales y síntomas catarrales. La supresión del remodelado óseo es temporal y dependiente de la vigencia de la posología. La reparación de fracturas puede alterarse, no así el crecimiento.  
No existen muchos estudios protocolizados para medir el beneficio del uso de bifosfonatos en pacientes con AIJ. Thornton et al40 realizaron una revisión sistemática de la escasa literatura disponible. Un ensayo clínico y tres estudios prospectivos demostraron incremento de la densidad mineral ósea respecto de la situación basal con cambios significativos pero no realizaron comparativas directas con los controles. La heterogeneidad de las variables e instrumentos de medición imposibilitó la obtención de una n combinada. 
A diferencia de los pacientes con osteogénesis imperfecta, los pacientes con AIJ presentan un déficit óseo fundamentalmente secundario por lo que el tratamiento con bifosfonatos no tendría porque ser de primera elección. Su uso podría estar restringido a pacientes con fracturas en el contexto de un decenso generalizado, refractario y significativo de la masa ósea refractario al tratamiento de la enfermedad. No tiene lugar indicación alguna basada en el uso de un patrón Z en pediatría de la misma manera que en adultos se usa el patrón T y cuyo punto de corte viene definido por la casuística de fracturas patológicas.1

Entrenamiento muscular
La relación directa entre formación de hueso y fuerza muscular ha sido demostrada fehacientemente en población pediátrica y adolescentes.12 Esta se debe a que la mayor carga mecánica a la que está expuesto el hueso es la generada por la tensión muscular por encima de otras fuerzas como la compresión por el peso corporal o las fuerzas rotacionales. Los pacientes con AIJ presentan una disminución en sus capacidades aeróbicas y anaeróbicas probablemente relacionado con un menor entrenamiento muscular y que se manifiesta en un incremento considerable del oxígeno.41
La unidad osteo-muscular debe ser el eje del tratamiento y profilaxis de la pérdida de masa ósea. Por un lado el entrenamiento con ejercicio anaeróbico aumenta la resistencia muscular y la capacidad aeróbica sin embargo no aumenta la fuerza muscular y sin ello no se produce beneficio en el hueso. El incremento de la fuerza muscular por medio de entrenamiento anaeróbico determina mayor exposición ósea a tensiones y ello estimula la formación de hueso. La capacidad para sostener estas fuerzas depende de la resistencia muscular y por lo tanto el entrenamiento debe hacerse en ambos tipos de ejercicio.22
Es recomendable incrementar la indicación de ejercicio físico aeróbico y anaeróbico en los pacientes con AIJ por lo que el manejo agresivo de la inflamación debe instaurarse tan pronto sea posible evitando que se produzcan alteraciones articulares que impidan este entrenamiento. Por otro lado y salvo que existan datos de inestabilidad articular, no debería indicarse la restricción de deportes de alto impacto en pacientes con AIJ.









RECOMENDACIONES
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente señalado vamos a elaborar una propuesta de recomendaciones de manejo protocolizado de la enfermedad osteometabólica en pacientes con AIJ.
Periodo
Vigilancia
Situación de alerta
Medida
Diagnóstico
Talla, peso, velocidad de crecimiento, IMC
Niveles de Vit D, PTH condicional.
Ralentización de la velocidad de crecimiento, menor talla para el peso/edad.
Suplir deficiencia nutricionales. Tratamiento intenso de la AIJ.
Seguimiento
velocidad de crecimiento, fuerza muscular (pQCT)
Menor fuerza muscular para la talla o ralentización de la velocidad de crecimiento.
Intensificar el tratamiento AIJ. Potenciar ejercicio anaeróbico > aeróbico.
En remisión
velocidad de crecimiento, fuerza muscular (pQCT)
Menor fuerza muscular para la talla o ralentización de la velocidad de crecimiento.
Potenciar ejercicio anaeróbico > aeróbico.

¿Cuándo indicar una medida de la masa mineral ósea?
Al igual que cualquier otra prueba complementaria, la solicitud de una DMO (idealmente una pQCT) debe tener por finalidad una toma de decisión concurrente.
La solicitud de una DEXA se justificaría en los siguientes casos:
  1. AIJ Oligoarticular que no alcanza la remisión.
  2. AIJ Poliarticular o sistémica con baja estatura para la edad o con ralentización de la velocidad de crecimiento.
  3. Cualquier paciente que haya tenido una fractura
¿Qué hacer con los resultados de la prueba?
Lo primero es que los resultados estén ajustados a la estatura del paciente y según ello procederemos de la siguiente forma:
  1. Si Z > -1.0 desviaciones estándar: Medidas anaeróbicas > aeróbicas e intensificación del tratamiento de la enfermedad. Control dinamométrico en 6 meses y DMO en 1 año.
  2. Si Z < -1.0 o > -1.0 sin variación en un año pese a intensificación de tratamiento de AIJ + ejercicios: Cambio de tratamiento de la enfermedad de base (considerar fracaso terapéutico) y ejercicio físico anaeróbico > aeróbico.
  3. Si Z < -2.5. Actuar como en el caso anterior y valorar el uso de bifosfonatos.

TAREAS PENDIENTES
¢  Creación de tablas de normalidad:
—  Masa muscular según sexo y estatura.
—  BMC según masa muscular.
¢  Registro de seguimiento óseo de nuestros pacientes con AIJ.
¢  Adaptación de nuestros Z-score en función de la estatura.

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domingo, 6 de abril de 2014

Osteopatía púbica: Un diagnóstico sindrómico necesariamente distinguible.

Radiografía simple de pelvis en anteroposterior correspondiente a una mujer de mediana edad que consultaba por dolor mecánico a nivel del Monte de Venus tras haber realizado equitación por primera vez.
En la radiografía se aprecia claramente un incremento de la radiopacidad a nivel de ambas vertientes de la sínfisis púbica.
La articulación del púbis o sínfisis púbica (SP) es un punto de acometida de distintos procesos mecánicos e inflamatorios. La anatomía de esta articulación y las posibles afectaciones de las que puede ser diana merecen un conocimiento profundo con el propósito de distinguir aquellas que requieran una intervención terapéutica inmediata.

Anatomía clínica
La SP es una anfiartrosis. Esto denota que se trata de una articulación cuyas superficies articulares están separadas por fibrocartílago. La SP es una articulación rodeada por una delgada capa de cartilago articular hialino. Esta membrana, considerada como una cápsula articular rudimentaria tiene un importante significado clínico al momento de valorar procesos inflamatorios de la SP en tanto que se puede distender y proporcionar imágenes que serían más bien propias de articulaciones bien conocidas como "encapsuladas".
El fibrocartílago de la SP es liso y estrecho por la parte dorsal y amplio, fibroso e irregular con su cara anterior. Es de importancia conocer que en este punto se produce el anclaje de los rectos anteriores. Curiosamente, este fibrocartílago presenta en su interior una cavidad de eje vertical llena de líquido sinovial. Esta cavidad cuenta como una segunda cápsula, esta vez intra articular y aunque es escasamente probable que se distienda, conviene conocer su existencia ya que puede ser el origen de una imagen de contenido líquido en ciertos escenarios inflamatorios. Finalmente, esta cavidad hace que la SP deba ser realmente conocida como una diartroanfiartrosis y la presencia de su rudimentaria cápsula hialina la califica también como una diartrosis monoaxial.
También es de gran interés conocer que los músculos con funcion aductora de la cadera: pectineo, aductor corto y largo se insertan en su correspondiente vertiente articular a nivel de la SP. Esto es relevante dado que la afectación de esta articulación puede condicionar sintomatología dolorosa que limite la rotación externa y abducción de la cadera. La inserción del ligamento inguinal se produce también a nivel del borde superior y anterior de la vertiente ipsilateral de la SP y esto tiene interés al momento de valorar dolores que irradian en dirección a la cresta iliaca desde el territorio del Monte de Venus.

Terminología
Es conveniente tener una clara definición de las distintas formas de afectación de la sínfisis púbica. El uso indevido de los términos dificulta su manejo multidisciplinario. A continuación una breve reseña sobre los términos relacionados con la patología de esta articulación tal y como están definidos en distintas publicaciones científicas.

Sinfisitis pubica: Debemos llamar de esta forma a cualquier proceso inflamatorio que incluya la sínfisis púbica, entendida esta como los componentes articulares representados por sus carillas, vertientes óseas, cápsula articular rudimentaria y fibrocartílago. También deben incluirse aquellos procesos inflamatorios de las entesis colindantes que hacen anclaje en esta localización: rectos abdominales, pectineo y los aductores corto y largo.

Osteitis púbica: Es una inflamación circunscrita a las vertientes aticulares y los correspondientes anclajes entésicos colindantes que se produce en ausencia de infección. Aunque de trata de un diagnóstico infrecuente, está habitualmente circunscrito a la práctica deportiva que involucra movimientos repetidos de torción y rotación interna de la cadera o la distensión de la sinfisis secundaria a la separación de la pelvis como consecuencia de posturas anómalas prolongadas en personas no entrenadas (equitación, p.e).

Artritis púbica: Este término debe estar reservado a aquellos procesos en los que se demuestre que el proceso inflamatorio incluye al menos una carilla articular, la cápsula rudimentaria o el fibrocartílago. Aunque se trata de una articulación con sinovial y cápsula, es infrecuente que se vea afectada por enfermedades inflamatorias autoinmunes. Existen reportes aislados de condrocalcinosis o gota en esta articulación. Las artritis infecciosas también están incluidas en este término.

Sinfisitis séptica del pubis (SSP): Es probablemente la más infrecuente de las formas de afectación de la SP. Se trata de una forma de artritis púbica en la que se ha demostrado la existencia de un proceso infeccioso de cualquier índole. Se ha descrito en relación con procedimientos quirúrgicos de tipo ginecológico y urológicos aunque también existen reportes de casos de deportistas que han sido finalmente diagnósticados de SSP tras haber presentado una osteitis púbica. De la misma forma que el resto de artritis infecciosas, la SSP debe tratarse desde su sospecha y requiere la rápida movilización de técnicas diagnósticas de imagen para confirmar el diagnóstico y proceder a valorar el manejo quirúrgico.

Osteomielitis púbica: Bajo este término se incluyen todos los procesos infecciosos que abarcan las vertientes articulares. Aunque es más frecuente que la SSP, también se considera un proceso raro y en muchos casos ambos diagnósticos se asocian. Dependiendo de su asociación a SSP y de las características y el grado de infiltración, el manejo de la osteomielitis púbica también puede requerir cirugía de limpieza. Su manejo requiere tratamientos antibioticos prolongados típicos de formas más comunes de osteomielitis.


 
 

Ranelato de Estroncio: Recomendaciones del Comité Europeo de Productos Médicos para uso humano (CHMP)

Tras la alerta sobre el uso de ranelato de estroncio que se mantiene publicada en el portal web de la Agencia Española del Medicamento, laboratorios SERVIER han hecho públicas las recomendaciones del Comité europeo de Productos Médicos para uso Humano que sugieren el mantenimiento de la disponibilidad del mencionado medicamento con ciertas restricciones.

Según la información difundida la indicación de ranelato de estroncio se mantiene en la osteoporosis grave de mujeres post menopáusicas y adultos varones con alto riesgo de fractura, y en quienes otros tratamientos médicos aprobados para el tratamiento de la osteoporosis no es administrable debido a, por ejemplo, contraindicaciones o intolerancia.

La información difundida por SERVIER ratifica que la decisión de prescribir ranelato de estroncio debe hacerse tras valorar el riesgo de su uso en cada paciente y acentúan que el riesgo cardiovascular debe ser monitorizado en los pacientes cada 6 o 12 meses.

Por otro lado, señalan 5 contraindicaciones para el uso del ranelato de estroncio (Protelos):
  • Enfermedad cardiaca isquémica, enfermedad vascular periférica o enfermedad isquémica cerebrovascular, ya sean estas pasadas o vigentes.
  • Hipertensión arterial mal controlada.
  • Previos o vigentes eventos tromboembólico venosos.
  • Inmovilización permanente o temporal.
  • Hipersensibilidad a la sustancia activa o a cualquiera de sus excipientes.
Fuente: "Protelos´new conditions for use in europe", Dr. Christophe Charpentier. International medical information department (SERVIER).

domingo, 9 de marzo de 2014

Acta Rheumatológica retira los costes de Publicación

El Consejo Editorial de la revista Acta Rheumatológica en coordinación con la casa editorial iMedPub han acordado eliminar los costes de publicación de los artículos que superen el proceso de revisión por pares habitual.
Esta iniciativa pretende incrementar la participación de autores procedentes de latinoamérica y en general a médicos residentes y facultativos jóvenes.
El beneficio de exoneración de tasas está restringido a los suscriptores no obstante para obtener dicha condición no hace falta abonar ninguna cuota, siendo suficiente cumplimentar el formulario de incripción.

Enlaces de interés
Acta Rheumatologica

sábado, 8 de febrero de 2014

Imagen radiológica y tema de revisión: Bulto en región superior del hombro.

Agradecemos la presentación de este caso a la Dra. Cristina de la Casa.


 
Una paciente mujer de 44 años se presentó en urgencias por haber notado la aparición de un bulto en la parte superior del hombro izquierdo. Insistía en que previamente no lo presentaba y que había aparecido súbitamente dos días antes. Reconocía sobreesfuerzos físicos relacionados con la atención de un paciente discapacitado.


La paciente no presentaba dolor en el hombro y los rangos de recorrido articular eran normales. En la exploración física se apreciaba una lesión redondeada relacionada con la articulación acromioclavicular de consistencia renitente. A la presión la paciente notaba dolor de baja intensidad.

Una ecografía del hombro mostraba integridad de los componentes subacromiales del manguito rotador. A nivel de la articulación acromioclavicular se observaban irregularidades corticales en las dos vertientes así como proliferaciones osteofíticas marginales. Se observaba distensión de la cápsula articular con contenido anecoico en su interior. Colocando la sonda por encima de la lesión problema se observaba una estructura de bordes definidos, fusiforme de 22 x 13 mm de contenido anecoico. Su localización colindaba con la articulación acromioclavicular sin embargo no se pudo demostrar comunicación directa entre ambas estructuras. Ejerciendo compresión en la estructura se apreciaba una relativa distensión de la cápsula sinovial acromioclavicular.

Se estableció el diagnóstico de quiste sinovial acromioclavicular. A continuación las imágenes de un TC realizado de forma electiva. 

TC torácico con corte a nivel de la articulación acromioclavicular, ventana para partes blandas con contraste incrementado. Se aprecia claramente continuidad de la estructura problema con la articulación acromioclavicular aunque ambas no comparten el mismo eje vertical.

Plano coronal en la que se aprecia la articulación acromioclavicular con la distensión objetivada en la ecografía. En el mismo plano, la lesión problema se situaba en cortes más dorsales.


Plano sagital. En esta imagen se aprecia la vertiente acromial de la articulación acromioclavicular y posterior a esta la estructura problema.


Revisión

En una entrada previa comentamos la diferencia que existe entre un quiste sinovial y un ganglión. A nivel de la articulación acromioclavicular la distinción es la misma. El más llamativo, en rodilla, está documentado en Reumatología Clínica (acceso abierto).
El caso que hemos presentado nos permite incidir en algunos aspectos peculiares de este tipo de quistes sinoviales.
Epidemiología: No se ha establecido su prevalencia. Se trata de una formación quística excepcional. Se considera una patología rara. Hasta el año 2010 se habían reportado en la literatura tan solo 41 casos siendo principalmente descripciones de casos aislados o series pequeñas. Se considera una complicación degenerativa de procesos mecánicos del manguito rotador en tanto que más del 70% de los casos descritos en la literatura se presentaron en pacientes con rotura del manguito rotador.. Se asocia fundamentalmente a la presencia de cambios degenerativos a nivel de las superficies corticales.

Fisiopatología: Al igual que otros quistes sinoviales, su aparición depende de la evaginación de la cápsula de una articulación sometida a una presión progresivamente mayor o cuya integridad estructural se ha debilitado. En el caso particular de la articulación acromioclavicular la génesis de los cambios de presión se asocian con el efecto que ejerce el manguito rotador limitando el paso de líquido sinovial desde la bursa subdeltoidea a la subacromial. Esta última está en contacto con la cápsula sinovial. Por ese motivo, la perdida de integridad del manguito rotador produce una homogenización de presiones en la bursa subacromial respecto de la subdeltoidea, el propio proceso inflamatorio asociado condiciona mayor producción de lìquido y su desplazamiento medial en tanto que la presión que ejerce el deltoides es significativamente mayor a la que hay alrededor de las estructuras más mediales. Como consecuencia de ello, la cápsula sinovial acromioclavilar aumenta de tamaño pudiendo evaginarse en cualquier dirección. Dado que la pared más débil de la articulación es la bóveda capsular, los quistes sinoviales tienden a dirigirse hacia arriba (cefálico) y atrás (posterior o dorsal). 
Son muy excepcionales los quistes sinoviales asociados a hombros sin patología del manguito rotador. En estos casos, la génesis del quiste suele explicarse por fenómenos de debilidad de la cúpula capsular sinovial así como por incrementos simultáneo del volumen de fluido, todo ello en el cotexto de procesos degenerativos. La compresión de la articulación acromioclavicular durante esfuerzos de tracción del hombro, especialmente de tracción vertical pueden producir suficiente presión como para provocar la evaginación de la cápsula, sobre todo cuando ya existen lesiones degenerativas subyacentes.

Manejo: Los quistes sinoviales son habitualmente indoloros. Se manifiestan como bultos palpables, renitentes y en ocasiones reducibles transitoriamente. No precisan manejo salvo por temas de índole estético o en el caso de que su tamaño produzca compresión de estructuras vecinas. El tratamiento de los quistes sinoviales acromioclaviculares es la excéresis. La reparación del manguito rotador es mandatoria ya que de ese modo se asegura una menor probabilidad de recidiva. No es recomendable la aspiración con aguja por la alta probabilidad de fistulización. En casos de recidiva, se recomienda la excéresis de la articulación junto con el extremo distal de la clavícula.

Lectura recomendada

Cooper HJ, Milillo R, Klein DA, DiFelice GS. The MRI geyser sign: acromioclavicular joint cysts in the setting of a chronic rotator cuff tear. Am J Orthop. junio de 2011;40(6):E118-121.
Craig EV. The acromioclavicular joint cyst. An unusual presentation of a rotator cuff tear. Clin Orthop Relat Res. enero de 1986;(202):189-92.
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